Por Wendy Álvarez Hidalgo
II ENTREGA Y FINAL
¿Por qué en Nicaragua un obrero que trabaja más de 11 horas en una maquila, por ejemplo, solo es capaz de cubrir el 30 por ciento del precio de la canasta básica? Los empresarios, economistas, sindicalistas y sociólogos tienen sus explicaciones, pero mientras tanto los trabajadores viven una única realidad: aproximadamente 130 dólares mensuales para una canasta que superó los 435 dólares en diciembre pasado.
Hay muchas respuestas sobre la disparidad salarial. Los economistas insisten en la baja productividad de la mano de obra nicaragüense; los sindicalistas dicen que los empresarios tienen una deuda histórica con los trabajadores; los sociólogos advierten que hay desigualdad en la distribución de la riqueza que producen las empresas; y los privados sostienen que los salarios de hoy son mejores que los de hace cinco años.
“No podemos tener salarios competitivos si no tenemos una economía competitiva. Y otro elemento que incide en los salarios es la productividad, nuestra mano de obra no es tan productiva”, sostiene el economista René Vallecillo.
El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, sostiene que el salario mínimo “no es únicamente ver a la canasta básica. Es ver al empleo, es ver a la productividad, ver a la competitividad”. Para sostener su tesis, Aguerri se remite al pasado. Recuerda que entre 2007 y 2008 el Gobierno ordenó ajustes del 18 y 35.7 por ciento en los salarios mínimos, lo que provocó un aceleramiento de la inflación y el cierre de varias empresas, la mayoría maquilas.
“En esos dos años hubo desempleo y la economía de Nicaragua fue la de menos crecimiento en Centroamérica. No nos hicieron caso”, asegura.
Pese a esos fuertes ajustes salariales que menciona el representante del Cosep, los ingresos mínimos de los trabajadores no lograron equipararse con el precio de la canasta básica. Solo un sector, de los 11 que se rigen bajo el salario mínimo, puede cubrir el 40 por ciento de la canasta. El resto alcanza apenas el 20 o 30 por ciento.
El presidente del Cosep recalca que esta brecha entre el salario mínimo y el precio de la cesta básica se debe a la estructura de la canasta, que consiste en 53 productos.
- “La primera clave es educación. Démosle educación a nuestros trabajadores”, sostiene el economista René Vallecillo. También se necesita inversión en tecnología y formación de la mano de obra.
- El presidente de Conimipyme, Gilberto Alcócer, propone eliminar los subsidios a aquellos productos cuyo beneficio no llega al bolsillo de los consumidores.
- El sociólogo Cirilo Otero sugiere al Gobierno diseñar políticas públicas dirigidas a mejorar la inversión en educación, mayores incentivos para que las empresas crezcan en producción y calidad.
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La cesta de Costa Rica tiene 52 productos alimenticios, la de Guatemala 26 artículos, en Honduras tiene 32 productos y en El Salvador cerca de 20 artículos. La mayoría de los trabajadores que están en el rango de salario mínimo en estos países tienen una cobertura de entre el 55 y 100 por ciento de la misma. En algunos casos se incluyen gastos para vestimenta, transporte y servicios básicos, como el de Guatemala.
FALTA EDUCACIÓN
El economista Adolfo Acevedo atribuye esto a la falta de educación. La baja escolaridad en la fuerza laboral incide en esta desigualdad salarial. Acevedo advierte que gran parte de los jóvenes ingresan cada año al mercado laboral tiene niveles de escolaridad “extremadamente bajos”. Es por ello que la mayoría se ve forzada a desempeñar durante su vida adulta empleos precarios e informales.

En Nicaragua la Población Económicamente Activa es de 2.8 millones de personas, la mayoría jóvenes. Cada año esa cifra se incrementa en más de 100,000 personas, según cifras oficiales. Más de la mitad se encuentra en la informalidad.
El economista considera “injusto” condenar a los trabajadores a salarios bajos por la baja productividad que prevalece en Nicaragua. “Al hacer eso se confunde intensidad del trabajo con productividad. La mejoría de la productividad no depende tanto de la intensidad o del esfuerzo del trabajador, como de la introducción sistemática del progreso técnico en los procesos productivos, lo cual depende, a su vez, tanto del volumen como de la calidad de la inversión empresarial”.
HAY QUIENES ESTÁN PEOR
Pero la situación de sobrevivencia se agudiza, según Acevedo, en aquellas personas que se encuentran en la informalidad laboral. En Nicaragua, según la Encuesta Continua del Inide del IV Trimestre de 2010 (la última disponible) había 810,882 personas que, aunque trabajaban el equivalente a la jornada laboral normal o más, ganaban menos que el salario mínimo de la actividad o sector en que laboraban. A esta categoría de trabajadores se le denomina “subempleados invisibles”, explica el economista.
La mayoría de estas personas que se encuentran en este tramo laboral no logra ni siquiera el ingreso mínimo establecido por ley. Managua concentra gran parte de este tipo de fuerza laboral.

El sociólogo Cirilo Otero advierte que la desigualdad en la distribución de la riqueza también está influyendo en los bajos salarios de los trabajadores. Un planteamiento que el representante del Cosep no acepta, pero el presidente del Consejo Nicaragüense de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Conimipyme), Gilberto Alcócer, reconoce como cierto.
En el caso de las pymes, que emplean a más de 150 mil trabajadores, Alcócer afirma que el sector está haciendo un mayor esfuerzo para industrializarse, elevar la capacidad productiva y de esa manera mejorar los salarios de los trabajadores. “Cuando estemos con un crecimiento del diez por ciento, podemos pensar en hacer mejores ajustes para los trabajadores”, afirma.
La Comisión Nacional del Salario Mínimo está convocada para inicios de febrero. Los empresarios han manifestado su intención de un ajuste de un dígito, el Gobierno no tiene una posición clara, y los sindicalistas insisten en el incremento de un ciento por ciento.
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