Por Edgard Rodríguez C.
Ganar y ser atractivos, ha sido la filosofía de los Yanquis. Y ambas cosas, solo se consiguen con talento del especial, ese que permite imponerse en el campo y apurar a los fanáticos hacia las taquillas del estadio y las tiendas de suvenires.
Justo eso creen los neoyorquinos haber adquirido en Michael Pineda, espigado lanzador, llegado desde Seattle, a cambio del prometedor artillero Jesús Montero, cuyo brillo instantáneo en septiembre pasado ilusionó a muchos.
Solo el tiempo dará el verdadero veredicto sobre el ganador en esta transacción, pero al menos en teoría, parece una negociación en la que Yanquis y Marineros han salido ganando, o al menos, se movieron en la dirección correcta para solventar necesidades.
Los Yanquis requerían de un brazo sólido detrás de CC Sabathia. Pineda es probablemente el mejor brazo joven del beisbol. Es decir, aparte de solvencia monticular, podría permitirles, ganar ahora y en el futuro. Hoy cumple 23 años.
El año pasado, tres de los cinco abridores de los Yanquis (Freddy García, Bartolo Colón y A. J. Burnett), tenían 35 años o más. Pineda, Iván Nova y Phil Hughes, no pasan de 25. Así que el staff es renovado.
Los Marineros fueron el equipo de peor ofensiva en las Mayores el año pasado (.233). Sus 556 carreras fueron la cantidad más baja, y sus 109 jonrones, los colocaron en el puesto 26 entre los 30 equipos de las Grandes Ligas. Así que lo que necesitan es bateo.
Y aunque Montero levanta algunas interrogantes sobre su habilidad para cachar, no hay dudas que batea. En 18 juegos en septiembre, bateó .328, con cuatro jonrones y 12 remolques en 18 partidos. Y en las Menores resumió .308, con 76 jonrones y 188 dobles.
Además, Seattle tiene abundancia de brazos jóvenes y necesitaba más un bate como el de Montero, que de un brazo como el de Pineda, quien da a los Yanquis flexibilidad en su picheo y la posibilidad de un canje antes del inicio de la liga.
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