Ticos tapan lo evidente
Wilder Pérez R.
Ocultar la amenaza ecológica a la Reserva de Biosfera Río San Juan de Nicaragua fue, para Costa Rica, como esconder a un elefante detrás de una vara de bambú: no lo logró ni contratando a Criss Ángel, el mago más famoso del mundo.
El gobierno de Costa Rica fracasó en su intento de “borrar” las evidencias de los daños ecológicos provocados por la carretera que construye paralela al río al San Juan, para que los magistrados de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) no los detectaran, durante un viaje que realizaron a la zona el pasado jueves.
Los seis magistrados de la CCJ viajaron al río San Juan de Nicaragua para valorar si hay evidencias en la denuncia y dar trámite al juicio que dos organizaciones ambientalistas nicaragüenses solicitaron en contra del Gobierno costarricense, por los daños causados y amenazas latentes a los ecosistemas cercanos, como producto de la pista de 160 kilómetros que construye San José en la ribera.
Aunque el presidente de la CCJ, Francisco Darío Lobo, afirmó que no emitirán ninguna valoración hasta el martes próximo, sus comentarios bajos y gestos revelaban lo que ya era evidente: un daño ecológico real en la zona.
El pleno de la Corte, compuesto por dos magistrados hondureños, dos salvadoreños y dos nicaragüenses, quedó asombrado con la naturaleza salvaje de la ribera en territorio nicaragüense.
Una selva impenetrable, cocodrilos tomando sol con libertad, aves poblando las ramas de árboles que se inclinan sobre el río, peces que saltan de repente, aguas verdes y plantas que crecen sobre otras, con sus flores y cuerpos exuberantes. Todo sin temor a los humanos.

Los magistrados, que hablaban maravillas de la naturaleza nicaragüense, puesto que la misma no es parte del juicio, enmudecieron al ver el paisaje en el punto en que la frontera con Costa Rica llega hasta el borde sur del San Juan.
La mayoría de taludes, con inclinaciones próximas a los 90 grados, estaban “forrados” bajo geotextiles (telas sintéticas) negras y verdes, que cubrían el color naranja de la tierra bajo la vegetación.
Los tubos de las 200 alcantarillas, que antes eran evidentes, fueron ocultados con tierra, maleza y troncos secos de árboles que ellos mismos cortaron, para que no los vieran los magistrados.
Hay tramos en que todavía queman viva la flora, para después arrasar con ella.
Además se observaron los primeros deslaves, cuya tierra cae espesa y lentamente desde Costa Rica, sobre el río San Juan de Nicaragua.
Los daños ecológicos de la carretera tica son evidentes. Los lugareños hablan incluso de un gran felino, el jaguar, cruzando el río, buscando refugio en Nicaragua. Pero la economía no encuentra defensa. El camarón de río abandonó su hogar, y ahora solo lo pescan en la desembocadura del San Juan. Esto provocó que la libra pasara de los 80 córdobas a los 120, según los pescadores y comerciantes. Aún así, las ventas bajaron en un 70 por ciento. El turismo está casi igual, pero los turistas arrugan la cara al ver la carretera, dicen los empresarios locales.
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