Hoy tomará posesión Daniel Ortega Saavedra como presidente de Nicaragua, por tercera vez. El mero hecho de ser por tercera vez nos define el difícil ambiente que enfrentará, por cuanto la Constitución Política de Nicaragua establece claramente que no podía ser candidato a Presidente el que ejerciere la Presidencia al momento de la elección ni el que la hubiese ejercido por dos períodos presidenciales.
Sobrarán quienes digan, dentro y fuera del país, que su presidencia es ilegal e inconstitucional, por cuanto violentó nuestra Constitución por partida doble, lo cual es verdad. Además, tomará posesión fuertemente cuestionado por el candidato y el partido al que le asignaron el segundo lugar, así como por los observadores nacionales e internacionales y por amplios sectores de la población votante que no creemos en los resultados presentados por un desprestigiado e ilegal grupo de señores en el Consejo Supremo Electoral.
Con todo y ello, Ortega tomará posesión en vista que ninguna autoridad nacional impedirá esa ilegalidad. Sin embargo, el presidente Ortega no la tendrá fácil. Tendrá que sortear el ambiente de frustración e inconformidad que ha quedado flotando en el aire, y lo más duro le vendrá del entorno internacional que enfrentará en este tercer período presidencial.
Por una parte está Venezuela. Todos sabemos que el presidente Chávez está enfermo. Y dada la precaria situación de las finanzas públicas en Venezuela, y de la pobreza tercermundista en que sus habitantes están hundidos, no hay duda de que el próximo Presidente de Venezuela, sea quien sea, reducirá su apoyo petrolero a los países Alba, entre ellos Nicaragua, pues solo así podrán enfrentar sus urgentes prioridades nacionales. Y no sería remoto que así como desapareció por completo el apoyo de la URSS a Nicaragua cuando esta se desintegró a inicios de los noventa, desaparezca ahora el apoyo del Alba, en cuanto Chávez fallezca.
Por otra parte, está EE.UU. y los organismos financieros basados en Washington, el FMI, el BIRF y el BID. Sabemos que el Partido Republicano ha venido ganando fuerza en el Congreso y que los congresistas de origen cubano han conquistado importantes posiciones. Y se sabe que el llamado Tea Party , una rama de los republicanos extremista en algunos de sus planteamientos, ha declarado la guerra a todo lo que huela a Alba, Esto significa que, de juntarse el ánimo antizquierdista y antisandinista de republicanos, cubano-americanos y ‘teapartidarios’, podrían tomar fuerza las iniciativas para congelar ayudas económicas y trabar los desembolsos del BID a Nicaragua.
En síntesis, en 2013 podríamos enfrentar la desaparición del apoyo del Alba y el corte de los préstamos del BID a Nicaragua, con el agravante que quien tendría que actuar para destrabar esos préstamos y buscar nuevas ayudas sería un presidente Ortega, marcado por la ilegalidad de su presidencia y por el cuestionamiento de fraude masivo seriamente documentado. El desafío sería inmenso, y sería de todos los que vamos en el mismo barco llamado Nicaragua.
Ante este posible escenario solo cabe una nueva concertación con visión de Nación, para consensuar un proyecto nacional, que marque las metas del desarrollo nacional para los próximos veinte años, en base al pleno respeto de la Constitución y las leyes, con la seriedad y madurez que pocas veces hemos tenido. Tendremos que sortear este posible escenario con la madurez que el FSLN no tuvo en 1990 cuando, ante la invitación a una verdadera concertación nacional, respondió quebrando a pedradas los carros de los embajadores que asistían al acto de apertura de la concertación.
De la seriedad con que actúe ahora el Gobierno y respondamos nosotros los ciudadanos, dependerá el futuro de esta Nación.
El autor es ingeniero.
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