Querida Nicaragua: podría alguien creer después de ver en vivo y a todo color cómo el Consejo Electoral se hizo el gato bravo para negar las cédulas de identidad a los ciudadanos no gobiernistas; después de saber cómo muchas de las Juntas Receptoras de Votos fueron abiertas a las cuatro de la madrugada, sin la presencia de los fiscales, para introducir en las urnas boletas marcadas a favor del orteguismo; después de saber cómo muchos fiscales fueron echados a empujones a la hora de contar los votos; después de saber que inclusive a los observadores de la OEA y de la Unión Europea se les impidió la entrada en algunos de los recintos electorales, podría alguien creer, repito, ¿que el 79.4 por ciento de nuestro pueblo opina que Ortega ganó la elección? Y que solamente un 17.9 por ciento opina que Ortega perdió.
Y podría creer alguien que el 65.6 por ciento de nuestro pueblo opina que los resultados presentados por el Consejo Electoral fueron correctos, ¿mientras solamente el 31.4 por ciento opina lo contrario? ¿Y que el 69.8 por ciento opina que en las elecciones se respetó la voluntad popular?
Sí. Los que creen esto son seguramente los miembros de los Consejos del Poder Ciudadano, que parecen haber sido entrevistados por la encuestadora MyR Consultores, según publicación del Nuevo Diario (enero 04-2012). Las encuestas dirigidas parecen ser una especialidad de algunas encuestadoras. Ahora se les fue la mano pues los números que presentan son lo contrario de lo que vimos una enorme mayoría de ciudadanos.
La opinión pública en general, la sociedad civil, las comisiones de derechos humanos, los partidos políticos democráticos, la empresa privada, los sectores religiosos, inmensa cantidad de campesinos que se comunican conmigo expresan su decepción y su cólera porque sienten que su voto les fue usurpado, que su voluntad fue atropellada por los manejadores de las Juntas Receptoras de votos, muchísimos de ellos miembros de los llamados Consejos del Poder Ciudadano, creados por el orteguismo.
Hacer y publicar encuestas dirigidas es ofender la inteligencia de nuestro pueblo. Y es también hacerle el juego a un gobierno ilegal, ilegítimo, espurio, producto de un fraude que todos pudimos ver.
La conocida sentencia maquiavélica proclama que una mentira repetida miles de veces va siendo percibida como verdad. Eso es lo que hacen los operadores orteguistas, convencerse a sí mismos de que el proceso electoral fue limpio, pulcro, que tuvo la observación internacional adecuada, que la inmensa mayoría del pueblo votó por don Daniel, que todos los fiscales de los partidos contendientes estuvieron fiscalizando, que las urnas nunca fueron preñadas con boletas a favor de Ortega, que todas las encuestas realizadas por MyR Consultores dieron siempre por ganador a Ortega, que el Consejo Supremo Electoral está conformado por ciudadanos ejemplares y que todo el proceso electoral se desarrolló en plena calma y en medio de la alegría desbordante del pueblo.
El primero que repitió la mentira fue el propio don Daniel, cuando dijo en su discurso inicial que la votación había sido masiva y que en una elección hay que saber perder, tal como él había perdido en elecciones anteriores.
El autor es director general de Radio Corporación.
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