La humillante expulsión de la Alcaldía de León, que esta semana sufrió el otrora alcalde de facto Manuel Calderón, le ha restituido a éste el apoyo de gran parte de la dirigencia del FSLN, combatientes históricos y colaboradores, que el viernes por la noche le acompañaron en una eucaristía celebrada en la Emita de Dólores, de esa ciudad.
Además, ha ganado el respaldo de algunos pobladores que antes le criticaban y reclamaban su mala administración.
A penas once meses atrás, en febrero del 2011, las quejas contra él venían de todos lados. Incluso de los mismos trabajadores de la comuna leonesa, que entonces lo calificaron de “inoperante” por la falta de ejecución de varias obras, principalmente la reparación de vías presupuestadas en el Plan de Inversión Pública de ese año.
En ese entonces diversos sectores del municipio también señalaron a Calderón de “incapaz, prepotente, maleducado, mentiroso e injusto”. Incluso, en algunas comunidades ni siquiera conocían su nombre.
Ahora, tras la renuncia a la que le habría obligado Nelson Artola, presidente ejecutivo del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE), Calderón ha ganado algo de respaldo de la población, que se expresa en los medios locales de la ciudad.
Sin embargo, lo que ahora parece quedar a Calderón es ser junto a su hermana, María Estela Calderón Chévez, los primeros
que después de tener una larga trayectoria política dentro del Frente Sandinista acusan públicamente a la vocera presidencial, Rosario Murillo, de querer obtener el poder que su esposo Daniel Ortega mantendría inconstitucionalmente a partir del martes 10 de enero.
Calderón, sin embargo, estima que en la antesala de las elecciones municipales de este año, él ya había cumplido el 80 por ciento de sus proyectos, y eso también molestó a Murillo, que según él ordenó “renunciarlo”.
El exalcalde de facto reiteró que él seguirá siendo militante del FSLN, “listo para cumplir la tarea que se le asigne”.
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