La Prensa/AP/AFP
Una ola de atentados contra peregrinos en el sur de Irak y en dos barrios chiitas de Bagdad dejó ayer al menos 68 muertos y decenas de heridos, lo que ha reavivado las tensiones entre comunidades cuando el país atraviesa una profunda crisis política. Los ataques son los más sangrientos desde la cadena de explosiones del pasado 22 de diciembre en la capital, cuatro días después de la salida de los últimos soldados estadounidenses del país. “¿Dónde están las fuerzas de seguridad? ¿Dónde están los puestos de control? ¿Cómo ha podido explotar este coche bomba aquí? se preguntaba, furioso, Achur Abdulá, un hombre de 60 años cerca del lugar de los atentados en Kazimiya, donde trabajaban miembros de las fuerzas del orden y de los servicios de emergencias.
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