Manuel Calderón quizás se tiene más que merecida la expulsión de su cargo como alcalde de facto del municipio de León, sin embargo el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) lo que hace de bueno con una mano lo ensucia con la otra.
Efectivamente el FSLN lo menos que puede hacer este año es permitir que los alcaldes y vicealcaldes de los 39 municipios del país donde se robó los resultados electorales en noviembre del 2008, repitan como candidatos para noviembre del 2012.
Hay que recordar que el FSLN se robó 39 alcaldías en el 2008, de las cuales 35 eran del Movimiento Vamos con Eduardo, cuyos candidatos las ganaron limpiamente; las otras cuatro eran del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y todo con la venia del sistema corrupto del Consejo Supremo Electoral (CSE).
La Alcaldía del municipio de León fue uno de los casos más emblemáticos y donde el latrocinio electoral quedó ampliamente demostrado, por tanto Calderón nunca debió ser alcalde, sin embargo lo fue.
Si el FSLN ya no quería que Calderón siguiera como alcalde de facto o regalado por el CSE, debió utilizar el procedimiento establecido en la Ley de Municipios (Ley 40) y no enviar a Nelson Artola —presidente ejecutivo del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE)— para humillar a su “propia ficha” utilizada en su momento para robarse las elecciones municipales y a quien ahora le dan una patada.
Artola, en un país democrático y donde sus autoridades respeten la ley, no tendría absolutamente ninguna facultad para llegar, como un típico patán protegido por el poder que la da un sistema dictatorial, a expulsar de su cargo a un alcalde.
La potestad de destituir a un alcalde la tiene el Concejo Municipal, no cualquiera que llegue de la calle o de una institución del poder ejecutivo. Artola actuó como si fuera el “comisario político” que responde a expectativas dictatoriales del gobernante de turno.
“¿Dónde está la alcaldesa?”, llegó preguntando Artola refiriéndose a la vicealcalde del municipio de León. Acto seguido se dirigió a Calderón y le dijo: “Y qué estás firmando si ya no sos alcalde”. De acuerdo con la cobertura periodística de los medios locales, la humillación pública fue bochornosa. En realidad, Calderón, quien ha servido al FSLN exponiendo su vida, según quienes lo conocen desde cuando era guerrillero, ahora es tratado como cualquier cosa. Y según los mismos orteguistas “es basureado por Artola, alguien que no es digno ni de lustrarle los zapatos a Calderón” en cuanto a “méritos” se refiere dentro de ese partido.
Así que los demás alcaldes y vicealcaldes del FSLN deben poner sus barbas en remojo porque tal como ocurrió en León, llegará a sacarlos y humillarlos el “comisario político”. Esto apenas comienza porque hay muchas alcaldías orteguistas donde la rendición de cuentas, la transparencia en la ejecución de proyectos sociales y el uso de los bienes municipales, demostrará si sus autoridades son objeto no solo de destitución sino de procesos judiciales en la vía penal o civil, según sean los casos.
Según el artículo 75 de la Ley 40, “la elección y destitución del alcalde se rige por lo dispuesto en la Legislación Electoral, sin perjuicio de lo establecido en la Constitución Política, la Ley de Municipios y este Reglamento”. Así que una vez más prevalece el atropello orteguista.
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