No podía esperarse otra cosa de los dirigentes del sector privado de Nicaragua al declarar como personaje del recién pasado año 2011 a una actividad que les viene como anillo al dedo: 900 millones de dólares de inversiones en este año. Mientras para el pueblo de este país se cierne la desgracia por el descomunal apetito financiero del frentismo que seguramente está amarrado en muchas de esas publicitadas inversiones, los empresarios criollos aplauden con la boca abierta como si con esto se solucionaran los graves problemas económicos, políticos y sociales que nos carcomen desde hace años.
Para los que manejan la economía, las inversiones, las exportaciones, el intercambio comercial, los créditos y todo lo que huele a plata, el personaje del año no fue el paupérrimo sin esperanza, el marginado, el desempleado, el come cuando hay, el que tiene que tener un aval de los CPC, para obtener una lámina de zinc, el que tiene que fingir que canta en las purísimas, para obtener un paquete de provisión o un juguete para sus abandonados hijos, no, para los ricos, los poderosos, los que se sientan a repartirse los pasteles económicos con los gobernantes, el personaje del año ha sido el dinero, los riales, los billullos y todo aquello con color verde.
Para ellos lo más destacado del año no es el monstruoso fraude electoral ni que se haya pisoteado la voluntad de un pueblo ni que la democracia esté en estado avanzado de descomposición o que se haya convertido la Constitución Política en un mero trapo para cubrir inmundicias políticas. No, esas son meras minucias, que no pueden competir con la ambición desmedida de llenarse los bolsillos de plata y atragantarse de dinero. Los sindicatos otrora organizaciones combativas que luchaban a favor de obreros y campesinos y sus profundas reivindicaciones se han convertido en cómplices de estas máquinas de hacer dinero y perdieron, desde hace años, su espíritu de lucha, para convertirse en colaboradores necesarios de esta aberrante situación.
Pasó a la historia aquel sector privado que en los años ochenta, luchando a la par de partidos políticos y sindicatos, exigía vehementemente que al menos se cumplieran los principios revolucionarios (de aquellos tiempos), que mandaban a establecer la economía mixta, un resquicio para mantener con vida al sector privado. No, ahora, los derechos humanos, la voluntad popular, el cercenamiento de las libertades públicas, el achicamiento de los espacios de los medios de comunicación, la migración, la desaparición sindical, el alarmante crecimiento de la pobreza y la marginalidad difíciles de ocultar por las estadísticas amañadas, son banderas olvidadas que han pasado a ser sustituidas por poderosos grupos financieros con el visto bueno del FMI, el Banco Mundial, el BID y sus sacrosantas voluntades.
Es pues una bofetada para nuestra nación que en vez de haber declarado como personajes del año a tantas cosas que día a día nos estremecen como la pobreza extrema, la acelerada violencia que se vive en todos los niveles, la proliferación de pandillas, la pavorosa epidemia de los accidentes de tránsito, el tráfico de influencias convertida en moneda de rápida circulación, la galopante corrupción y la caída libre de todas las instituciones del país prisioneras de dictados políticos familiares, el sector pudiente, el poderoso caballero don dinero, haya escogido como personaje del año a ¡las inversiones! Si este fue el mejor deseo de esos dirigentes al finalizar el año recién pasado, que Dios nos ampare de lo que podemos esperar de ellos para este 2012 y los cuatro años que vendrán después.
El autor es dirigente histórico socialcristiano.
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