El reino de un jazzista

Murakami, uno de los escritores japoneses más importantes e internacionalmente aclamados de la actualidad, autor de best sellers como Kafka en la orilla (2002), After Dark (2004), Underground (1997), Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994) y Tokio Blues (1987).

Juana Libedinsky

Murakami, uno de los escritores japoneses más importantes e internacionalmente aclamados de la actualidad, autor de best sellers como Kafka en la orilla (2002), After Dark (2004), Underground (1997), Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994) y Tokio Blues (1987). “Hawai es el paraíso para quienes somos triatlonistas”, aclarará en la entrevista, luego horas más tarde, almorzará, dormirá la siesta, escuchará jazz, traducirá clásicos contemporáneos del inglés al japonés y estará en la cama antes de las nueve.

Parte de esa seriedad implica un total rechazo a su fama en el mundo de las letras y una total aversión a ser reconocido. “Tengo pánico a convertirme en una celebridad y tomo todas las medidas necesarias para que eso no ocurra. Nunca aparezco en la televisión, no voy a las fiestas —odio las fiestas—, no doy charlas, no tengo amigos famosos, no tengo amigos escritores, no aparezco en librerías para firmar mis libros, no uso Armani, sino shorts y zapatillas siempre, y no dejo que me saquen fotos ni suelo dar entrevistas, salvo casos como este. Como sé que las posibilidades de que tome el subterráneo en Buenos Aires son bastante escasas, no me importa volverme conocido allí. Pero lo que no quiero es que la gente me reconozca en el colectivo en Tokio o no poder ir a las tiendas de discos viejos en Estados Unidos”, dice.

La música

:::¿Cómo fue su primer encuentro con el jazz?

En un cumpleaños muy especial: mis 16, cuando mis padres me regalaron una entrada para mi primer concierto. Era 1964, y Art Blakeley y The Jazz Messengers estaban tocando en Japón. Fue un instante que cambió mi vida, porque jamás había escuchado música tan sorprendente.

:::También hubo un instante que cambió su vida cuando decidió ser escritor. Usted escribió su primera novela, Hear the Wind Sing (1979), a los 30 años.

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Haruki Murakami (Kioto, 1949) estudió literatura en la universidad de Waseda, y regentó durante varios años un club de jazz. Es uno de los pocos autores japoneses que ha dado el salto de escritor de culto a autor de prestigio y con grandes ventas, tanto en su país como en el exterior.

Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Frank O’Connor, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize, así como el Arcebispo Juan de San Clemente, concedido por estudiantes gallegos.
Ha sido distinguido con la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno español, y ha recibido recientemente el XXIII Premio Internacional de Catalunya 2011, que otorga la Generalitat de Catalunya.

Tusquets Editores ha publicado ocho novelas de este autor: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; Sputnik, mi amor; Al sur de la frontera, al oeste del Sol; Tokio blues. Norwegian Wood; Kafka en la orilla; After Dark; El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, y 1Q84 (Libros 1 y 2) y 1Q84 (Libro 3), así como el volumen de relatos Sauce ciego, mujer dormida y el libro De qué hablo cuando hablo de correr, uno de sus textos más personales.

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Exactamente. Estaba en un partido de beisbol en Tokio, cerveza en mano, y al mirar al bateador pegarle a la pelota en una jugada clave y luego correr hasta la seguridad de la segunda base, me pasó por la cabeza la idea de que yo podía ser escritor. No se me había ocurrido antes. Con mi mujer regenteábamos un bar de jazz y, como mucho, había soñado con ser músico. Pero supe que podía hacerlo, solo que no tenía amigos con los cuales hablar de literatura ni nadie que me enseñase a escribir, así que tuve que basarme en lo que sabía, que para entonces era la música.

Aún hoy, al sentarme frente al teclado de la computadora, pienso que estoy ante un piano y me pongo a tocar, y ya tres décadas después de haberme vuelto un escritor profesional, sigo aprendiendo mucho de la escritura de la buena música. Por ejemplo, todavía tomo la constante autorrenovación de la música de Miles Davis, como modelo literario.

:::¿Cómo relaciona su escritura y la composición musical?

El ritmo es lo más importante, porque es la magia, lo que invita a la audiencia a bailar y lo que yo quiero son lectores que bailen con mis palabras. No quiero que entiendan mis metáforas ni el simbolismo de la obra, quiero que se sientan como en los buenos conciertos de jazz, cuando los pies no pueden parar de moverse bajo las butacas marcando el ritmo.

:::¿Qué libros lograron que usted se sintiera otra persona luego de leerlos?

Uff, muchos, Dostoievski, Kafka, Dickens, Scott Fitzgerald, Carver, García Márquez, Manuel Puig.

:::Me sorprende que Puig sea el primer escritor argentino que menciona y no Borges, sobre todo, porque varios críticos lo han comparado con él.

Borges es un gran escritor, pero nunca me sentí muy atraído por su trabajo, con Manuel Puig me siento muy identificado, tenemos una imaginación más posmoderna o contemporánea supongo.

:::¿Lo atrae mucho la cultura popular?

Sí, soy fanático de la serie Lost en televisión, hasta compré la casa en Hawai donde se filmó la primera temporada; la única otra serie que recuerde que me haya gustado tanto fue Twin Peaks , de David Lynch, hace años. Estaba tan obsesionado con el programa que no podía esperar el capítulo siguiente. Yo no soy un tipo inteligente de gustos sofisticados: me gustan las buenas historias y punto. Si una buena historia está en un libro o en la televisión, para mí es lo mismo, la admiro. Pero a las cosas intelectualosas sin una buena historia detrás, no las admiro, porque no tengo gustos académicos: antes de ponerme a escribir tenía un bar de jazz, donde yo preparaba los sándwiches y servía los tragos hasta la madrugada. Soy un mero trabajador, que disfruta de la cultura popular, mientras que la mayor parte de los escritores son unos esnobs que ni a mí me gustan ni yo les gusto a ellos.

:::¿Se inspira en la cultura popular?

Para mí la cultura popular, incluso la más comercial, es como una gran reserva natural de donde los escritores podemos tomar infinitos temas para establecer una comunicación directa con los lectores. Si yo tomo como título de un libro el de una canción de los Beatles, como en mi novela Norwegian Wood (en castellano, Tokio Blues ), sé que a muchos eso les va a sonar y ya así se crea algún nexo entre nosotros.

A la vez, la cultura pop es como el agua, y con algo tan simple como abrir la canilla podemos tomarla para nutrirnos. Es tan imposible escapar de ella, como del aire que respiramos. Todos comemos una hamburguesa de McDonalds, miramos la televisión o escuchamos a Michael Jackson. Es algo tan natural que ni siquiera nos paramos a pensar que todo eso es cultura. Por eso, si uno escribe sobre la vida en la ciudad —sea Buenos Aires o Tokio—, no incluir estas cosas sonaría falso.

:::¿Por qué hay tantos gatos en su ficción?

Siempre fueron buenos amigos para mí y yo no los considero mis mascotas, sino mis pares, incluso muchas veces mis superiores.

:::¿Sus escenas de sexo son mucho más fuertes de lo que tradicionalmente se encuentra en la literatura japonesa?

Escribo las escenas de sexo, porque la actividad sexual nos ayuda a abandonar por un rato el mundo exterior y entrar en nosotros mismos. Es también una forma de comunicación y a la vez es algo festivo, que implica que hubo una historia detrás.

Freud sostenía que todas las actividades humanas derivan del sexo.

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