Por Pablo Fletes
Ocurrió hace ya 39 años. Sin embargo, en vez de disiparse su figura, con el tiempo se sigue engrandeciendo.
Y es que la muerte de Roberto Clemente Walker, ese brillante pelotero puertorriqueño que abandonó la comodidad de su hogar para viajar a Nicaragua con ayuda humanitaria, crece y crece mientras la deuda de un azotado pueblo nicaragüense por el terremeto del 23 de diciembre de 1972, sigue sin poder ser pagada.
Entregar la vida por un pueblo ajeno, es para muy pocos. Clemente se arriesgó y el resultado fue su fallecimiento, cuando venía al frente de un viejo avión DC-7, sobrecargado, con alimentos para los miles de daminificados por el terremoto de 1972.
Clemente dejó a su esposa Vera, a sus tres pequeños hijos en plena despedida de año, y decidió emprender el viaje en vista que las noticias que llegaban de Nicaragua, indicaba que los alimentos estaban siendo desviados por la Guardia Nacional al mando de Anastasio Somoza Debayle.
Clemente intentó entregar personalmente esa ayuda, a ese pueblo que lo ovacionó cuando dirigió a Puerto Rico en el recordado Campeonato Mundial de 1972.
Hacía pocos días de ese diciembre de 1972, Clemente había disfrutado de un gran evento en Nicaragua, conoció aún más la idiosincracia de este pueblo, su gusto por el beisbol y lamentablemente ese amor por la nación lo llevó a tomar la decisión de viajar, arriesgar el pellejo, con los resultados nada gratos.
Clemente había conocido Nicaragua en un viaje anterior, para participar en un torneo que se jugó en el país, similar a la Serie del Caribe.
Esta muerte de Clemente no sólo fue llorada en Puerto Rico. También en Nicaragua, que sufría la muerte de más de 10 mil personas por el terremoto, y por el beisbol de Grandes Ligas, y en especial la ciudad de Pittsburgh, que disfrutó toda su extensa carrera con el uniforme de los Piratas.
EL DECESO
Clemente falleció ese 31 de diciembre de 1972, pero su leyenda crece día a día, al igual que la deuda del pueblo de Nicaragua, impagable por cierto en medio de los dirigentes deportivos y las autoridades gubernamentales, siguen sin reconocer su legado.
El estadio de Masaya lleva el nombre de Roberto Clemente. Se han hecho algunos torneos, pero muy poco se ha destacado con la memoria de este puertorriqueño, que debería tener un museo que debería ser obligatorio material de estudio de niños y jóvenes de toda Nicaragua.
Quizás algún día, las autoridades tomen en serio la imagen de esta leyenda del beisbol como Roberto Clemente, quien ingresó al Salón de la Fama de Cooperstown, sin haber cumplido un año de muerte.
El ingreso de nuevos inquilinos al Salón de la Fama del Beisbol se debe hacer 5 años después de su retiro, sin importar si está vivo o muerte. Pero Clemente entró en 1973, lo que certifica la dimesión que adquirió este bateador de 3,000 hits en las Grandes Ligas, apenas el número 11 en ese momento que lo logró.
Clemente logró dos títulos de Serie Mundial con los Pittsburgh (1960 y 1971), una vez fue el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional (1966), de una Serie Mundial (1971), ganó cuatro tútulos de bateo, 12 guantes de oro, y 12 veces fue eligido para el Juego de Estrella.
Sin embargo, su legado, la defensa por los peloteros latinoamericanos en las Grandes Ligas, contra las injusticias sociales y sobre todo por el amor a Nicaragua, son hechos que marcaron fuertemente su vida.
Para el recuerdo
Roberto Clemente Walker nació en Carolina, Puerto Rico, el 18 de agosto de 1934, falleciendo el 31 de diciembre de 1972 a la edad de 38 años de edad. Casado con Vera Clemente, dejó a tres hijos en la orfandad.
De 5.11 pies de estatura y 175 libras de peso, Clemente jugó toda su carrera como jardinero derecho de los Piratas de Pittsburgh, y es considerado por muchos como el mejor en la posición en la historia de las Grandes Ligas, debido a su enormes cualidades defensivas y un potente brazo que fortaleció en su juventud como lanzador de jabalina.
Clemente fue firmado por los Dodgers de Brooklyn en 1952, pero en 1954 fue capturado por los Piratas aprovechando la Regla 5, en vista que había sido firmado por 10,000 dólares y por eso debía ser incluído ese año en un roster de Grandes Ligas.
Los Dodgers trataron de esconderlo, pero los Piratas lo capturaron y pagaron la suma de 4,000 dólares.
Desde su muerte, el número 21 de Roberto Clemente fue separado por los Piratas de Pittsburgh, así que nadie podrá volver a utilizarlo.
El número 21 fue usado por el boricua en vista que la suma de las letras de su nombre Roberto Clemente Walker suman 21.
De 1955 a 1972, Clemente jugó con los Piratas, logrando un porcentaje de bateo de por vida de .317, producto de 3,000 imparables en 9,454 turnos al bate, con 440 dobles, 166 triples y 240 jonrones. Clemente empujó 1,305 carreras y anotó 1,416.
En Nicaragua se han hecho algunos homenajes, separando el número en algunas ocasiones o usándolo todos los jugadores, en un día especial, para homenajear a Clemente.
Todos los años, las Grandes Ligas otoga el Premio Roberto Clemente, al pelotero que desarrolla mayores laborales comunitarias. Peloteros como el dominicano Albert Pujols han ganado esta distinción.
Un coliseo en San Juan, Puerto Rico, lleva el nombre del pelotero, al igual que una ciudad deportiva en el mismo San Juan, y el estadio de Masaya.