El fin de un año y comienzo de otro motiva a hablar del tiempo, esa dimensión de la vida que desde de los albores de la humanidad ha inquietado a las personas, sobre todo a quienes siempre han sido aficionados a pensar y, sobre todo, filosofar.
El sabio Agustín de Hipona, o san Agustín (354-430), quien fuera uno de los cuatro principales padres de la Iglesia latina, en una de sus reflexiones filosóficas preguntó y se respondió a sí mismo: “¿Qué es el tiempo? Si alguien me lo pregunta sé lo que es. Pero si deseo explicarlo no puedo hacerlo”. El tiempo, según san Agustín, es creación de Dios. De manera que antes de que Dios creara el Cielo y la Tierra no había tiempo. Y a pesar de que el obispo de Hipona dijo saber lo que es pero no podía explicarlo, precisó que el tiempo implica un pasado, un presente y un futuro. Pero como el pasado ya no existe y el futuro todavía no es, entonces, dijo, el presente es algo que continuamente deja de ser y por eso mismo tiende al no ser.
Los antiguos griegos, que mucho antes de Agustín de Hipona interpretaron mediante los mitos el origen y la existencia de los dioses, los fenómenos de la naturaleza y los misterios del ser humano, se explicaron el tiempo con leyendas fantasiosas y excitantes. Para ellos el tiempo era un dios, pero no un dios cualquiera sino uno de los originales. El tiempo apareció con la segunda generación de los dioses y fue llamado Cronos, de donde se derivaron vocablos relacionados que hasta ahora son de uso común, como cronología, cronómetro, crónica, cronista y otras palabras de origen griego.
El poeta griego del siglo VIII antes de Cristo, Hesíodo, narra en su Teogonía —que es como el libro del génesis de la mitología griega— que primero fue el Caos. Después surgieron Gea (la Tierra) y Urano (el Cielo), los que se unieron y tuvieron varios hijos. “Y al último a quien parió (Gea) fue el sagaz Cronos, el más terrible de sus hijos ”
Tal vez los antiguos griegos consideraran que Cronos había sido el más terrible de los hijos del Cielo y la Tierra, porque con el tiempo se crea, existe y termina todo, las personas incluidas, y no perdona a nadie. Con el tiempo nacen, se desarrollan y mueren todas las personas y cosas sin que nadie se pueda escapar de su acción inexorable.
Seguramente por eso crearon la leyenda de que Cronos (o Saturno como lo llamaban los romanos), apenas nacían devoraba a todos los hijos que su hermana Rea le iba pariendo, porque temía —o, según dicen algunos, porque el Cielo le había advertido— que si los dejaba vivir le arrebatarían el poder. En el mito solo Zeus logra escapar del padre devorador y libera a sus hermanos que se encontraban en el vientre de Cronos. De esa manera obtuvieron la inmortalidad y se fueron a vivir al monte sagrado del Olimpo, que desde entonces fue la residencia de los dioses.
Y según algunos autores, por eso fue que los antiguos griegos concibieron filosóficamente el tiempo como algo cíclico, porque todo lo que desaparece con el paso del tiempo vuelve a aparecer de cualquier otra modo aunque con otra forma, como los hijos de Cronos, que después de ser devorados volvieron a nacer de manera distinta y fueron inmortales, como siempre han pretendido ser los humanos.
Los antiguos griegos interpretaron mediante los mitos el origen y la existencia de los dioses, los fenómenos de la naturaleza y los misterios del ser humano, y se explicaron el tiempo con leyendas fantasiosas y excitantes. Para ellos el tiempo era un dios, pero no un dios cualquiera, sino uno de los originales.
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