Wilder Pérez R.
Mototaxis, caponeras, ciclotaxis y “rapiditos”, no importa cómo se llamen, todos tienen algo en común: tienen tres ruedas y son un bache en el camino para los dueños de taxis.
La gente viaja sin garantías de seguridad, pero paga tres o cuatro veces menos que con el taxi tradicional, y no tiene que negociar tarifa con el conductor.
Esto le quita la clientela a los conductores de taxis, que deben conseguir más de 500 córdobas diarios para seguir en el negocio.
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La incomodidad de los taxistas de Managua con este pequeño medio de transporte explotó esta semana por sus raíces profundas, cuando el gremio de los taxis reveló al Concejo Municipal de Managua que estos triciclos, además de invadir las calles principales de la ciudad, tienen concesiones supuestamente irregulares del Instituto Regulador del Transporte del Municipio de Managua (Irtramma).
Según diferentes dueños de taxis consultados, los triciclos deberían estar destinados a los barrios periféricos y comarcas de la ciudad, pero ahora andan sin control.
El director del Irtramma, Francisco Alvarado, reconoció esto ante LA PRENSA el miércoles, horas antes de que fuera suspendido por el Concejo Directivo del Irtramma, compuesto por concejales de la alcaldía capitalina, y añadió que solo hay 190, pero se necesitan casi 500.
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