Lucydalia Baca Castellón y Gisella Canales Ewest
Hace 33 años, un donativo de 360 dólares y el anhelo de que el título universitario con el que siempre soñaron, significara para sus hijos la puerta de entrada a una vida mejor, 36 mujeres de Tonalá, Puerto Morazán, a fuerza de pico y pala se abrieron camino para convertirse en cultivadoras de camarón.
Hoy su producción es cercana a los cien mil kilogramos de camarón por ciclo de producción, y deleitan el paladar de estadounidenses y europeos.
El capital inicial lo obtuvieron de una donante inglesa que las impulsó a convertirse en pequeñas empresarias, las ayudó a conseguir 21 hectáreas, donde construyeron la primera pila para iniciar el cultivo, aprovechando las aguas del Estero Real. Ahora tienen en concesión 91 hectáreas, en las que producen cerca de cien mil kilogramos de camarón.
Del grupo inicial solo 16 se mantienen en la lucha. Entre sus hijos hay ingenieros y abogados. Otros están cerca de convertirse en biólogos y periodistas. La cooperativa Lucrecia Lindo que integran es líder en producción en la zona.
“A muchas de las mujeres, los maridos las sacaron, otras no tenían quien les cuidara sus hijos y se tuvieron que salir por lo que de las 36 solo quedamos 16. Pero del grupo solo tres nos dedicamos a administrar el negocio y supervisar el personal, el resto solo recibe las ganancias”, detalla Gloria María Varela, presidenta de la cooperativa Lucrecia Lindo.
15 empresas ancla trabajan con el proyecto. Los proyectos con esas empresas han beneficiado con asistencia a unas 1,210 pequeñas y medianas empresas (pymes).
9.2 millones de dólares en exportaciones se han logrado por incidencia directa del programa, más 3.6 millones en ventas locales.
8.6 millones de dólares se han destinado al área de acceso al financiamiento. En total 2,295 pymes han accedido a préstamos.
548 empresarios y productores han participado en ferias o misiones comerciales internacionales.
[/doap_box][doap_box title=»Modelo de empresas ancla sí funciona» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Danilo Cruz-DePaula, director del programa, explicó están “muy contentos” porque se han sobrepasado las metas del programa, lo cual atribuyen al sistema de empresas ancla.
“El modelo que estamos utilizando realmente llena un vacío que existe en el país, y ese vacío es que el acceso a crédito es limitado, a innovación, a introducción de nuevas tecnologías, el acceso a mercado del pequeño productor… y que ese vínculo, ese encadenamiento entre la empresa ancla y ese pequeño productor, es lo que ha logrado llenar ese vacío”, expresa.
Cruz-DePaula recalcó que en Nicaragua “hay tantas oportunidades”, y que este tipo de modelos funciona para crear eficientemente más y mejores empleos, que pretenden ser sostenibles una vez culmine el programa, en septiembre de 2013.
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Junto a otras cuatro cooperativas y dos granjas familiares, la cooperativa de mujeres formó la Asociación de Pequeños y Medianos Productores Acuícolas (Apemac).
En 450 hectáreas, Apemac produce un promedio de 450 mil kilogramos de camarón por ciclo productivo. Aunque oficialmente se realiza un ciclo por año, la meta es que en el futuro la tecnificación de las granjas permita realizar dos o más ciclos por año.
Dependiendo del precio internacional, que producto de la crisis económica ha descendido hasta oscilar entre los dos y ocho dólares el kilo, Apemac percibe ingresos superiores a los dos millones de dólares por ciclo productivo, detalla Jerónimo Navas, miembro de la asociación.
Además, generan unos 150 empleos permanentes y una cantidad similar de temporales durante cada cosecha, convirtiéndose en la principal fuente de ingresos para la mayoría de familias del municipio, expresa Félix Vidaure , presidente de Apemac.
DURO CAMINO
La historia se cuenta fácil, pero no lo ha sido. Varela relata que entre la discriminación que sufrieron al irrumpir en un negocio dominado por hombres, y la falta de tierras propias, financiamiento, capacitación técnica y los estragos del clima, el camino les que ha tocado labrar, ha sido duro.
Y lo peor lo vivieron en 1998 con el paso del huracán Mitch. “Teníamos siete millones de larvas sembradas, pero la lluvia lo arrastró todo y se lo llevó. Desde ahí venimos arrastrando una deuda de más de ciento y pico mil dólares y pasamos casi 12 años sin producir nada. Pero gracias a Dios en el 2009 conseguimos un financiamiento, comenzamos a producir y casi solo debemos el veinticinco por ciento de esa deuda”, relata orgullosa Varela.
La salida del abismo en que las sumió el huracán Mitch se la deben, entre otras cosas, a la instalación del primer laboratorio para diagnóstico de enfermedades del camarón, instalado por la Cuenta Reto del Milenio (CRM), antes de retirar su apoyo al país por el fraude electoral del 2008.
Ante el retiro de la CRM, el programa Empresas y Empleo, que financia la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), completó el equipamiento del laboratorio y financia la asistencia técnica a las granjas camaroneras de la zona.
Por ser de reciente fundación, Apemac carece del estatus legal requerido para recibir los beneficios del programa. Es la cooperativa Lucrecia Lindo la que sí lo tiene, la cual los recibe y comparte con el resto del grupo compuesto por 84 asociados.
Entre el 2011 y 2013, Empresas y Empleo invertirá unos 120 mil dólares en el fortalecimiento de las capacidades técnicas de las granjas. Les proporciona además de los servicios que ofrece el laboratorio, asistencia técnica permanente, para garantizar que el producto cumpla los requisitos para la exportación. En total, son 43 mil dólares en concepto de donación para la compra de equipos, explica Wendell García, consultor del proyecto.
Añade que el programa también incluye un “eslabonamiento estratégico”, bajo el concepto de las llamadas empresas anclas. En este caso, Serviconsa, empresa exportadora con fuerte presencia en el mercado estadounidense y europeo, otorgará financiamiento superior al millón de dólares por ciclo de producción. El programa también apoya los trámites para la legalización de Apemac.
“Ellos nos entregan la semilla o sea la larva, el combustible, dinero para el pago de la planilla, combustible y otros insumos que necesitamos. Cuando sale la producción una la entrega y de eso se cobran la deuda y si nos sobra nos entregan el dinero”, explica Donis Herrera, de Apemac.
NEGOCIO RENTABLE
Según García, a pesar que en la granjas además del gasto que implica cada ciclo de cultivo, se deben hacer inversiones grandes en la construcción de pilas y muros y en la compra de maquinaria, las ganancias por ciclo pueden oscilar entre el 15 y el 40 por ciento.
La meta de Apemac es mantener un promedio de producción de mil kilogramos por hectárea y que en el futuro cercano Puerto Morazán vuelva a tener las 200 granjas camaroneras que tenía a inicios de los años 80.
Según Vidaure, otras granjas de la zona ven en el proyecto una salida a sus problemas de falta de financiamiento y tecnificación.
“La meta es propiciar fuentes de trabajo para darle vida a esta zona del país que carece de oportunidades”, afirma.
Por su parte, García considera que han demostrado que el modelo es viable y que al final del proyecto pueden volverse autosostenibles. También espera que en el futuro la falta del servicio de energía eléctrica en la zona deje de ser un obstáculo para diversificar la producción
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