El asma bronquial es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias, cuyo origen es alérgico en la mayoría de los casos. En nuestro país la gente suele llamarla “lira o rema en el pecho”.
Desde hace veinte años se ha incrementado el asma en el mundo. Por ejemplo en Estados Unidos cada año son hospitalizadas 470 mil personas, de las cuales mueren cinco mil.
En nuestro país 15 por ciento de las personas sufre asma bronquial y la mayor parte de ellas no recibe asistencia médica especializada.
Al analizar la historia del enfermo o enferma se encuentra una historia familiar de asma o alergia de algún tipo. Diversos factores agravan el asma: rinitis, sinusitis, reflujo gastroesofágico, aspirina y algunas medicinas contra la presión alta como betabloqueadores del tipo del propranolol.
Sabemos que alguien padece asma por sus síntomas. Puede sufrir un solo episodio o crisis frecuentes de dificultad para respirar o “jadeo”, tos, sibilancias y sensación de opresión toráxica, en especial durante las noches, madrugadas o al comienzo del día.
Cuando escuchamos los pulmones con el estetoscopio se detectan estertores sibilantes que son como silbidos producidos por la dificultad del paso del aire por las tuberías bronquiales, además de lenta salida del aire o espiración prolongada.
Otros factores que desencadenan respuesta alérgica que da origen al ataque asmático son el polvo casero donde encontramos ácaros, hongos o cucarachas, polen, productos químicos, humo de tabaco y contaminantes industriales.
Con frecuencia son tres los factores que pueden ser la única causa de la crisis asmática: frío, ejercicio y el estrés o tensión nerviosa.
Mientras más pronto sea sometido a un estudio y tratamiento por su médico internista podrán evitarse complicaciones y mejorar la calidad de vida.
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