Por Edgard Rodríguez
Cuando preguntaron a Bill Cosby, el veterano comediante estadounidense, cuál era el secreto del éxito, su respuesta fue concluyente: “No lo sé”. Y sin pretender ser gracioso, el actor agregó luego que “el secreto del fracaso sí lo conozco: tratar de agradar a todos”.
Y es cierto. Es imposible que nuestros puntos de vista, nuestras decisiones y nuestro actuar, satisfaga a todos. Eso lo sabemos. También los miembros de la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua, quienes el lunes seleccionaron a Erasmo Ramírez como Atleta del Año.
Y es también cierto que debe ser una tarea de todos encontrar un mecanismo de selección más práctico y calificado, que permita una elección más precisa, no en aras de satisfacer a todos —ya sabemos que es imposible—, sino tras el anhelo de más justicia y más objetividad.
Pero mientras ese momento llega, es tiempo de quitarse el sombrero ante Erasmo, el joven de Rivas, quien con su determinación, talento, disciplina y resultados, se ganó con toda la legitimidad del caso el nombramiento de deportista más destacado del país.
La crónica deportiva escogió bien, porque los atletas deberían ser como Erasmo. Ejemplos en el trabajo en el campo y el comportamiento fuera de este. Y hasta hoy, no hemos sabido de conductas inapropiadas de su parte. Quizá porque entiende que hay miles de niños que lo admiran y quizá idolatran.
Ramírez desplegó un admirable esfuerzo, al avanzar raudo a través de varias categorías en el beisbol de las Menores, hasta llegar a AAA y luego brillar en Venezuela.
Ahora se prepara para superar el obstáculo más grande en su carrera y es hacer el grado en la rotación de abridores de los Marineros en el 2012. Y seguro que peleará este prospecto de big leaguer y de buen ser humano.
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