Por Amalia del Cid
Cuentan que en una peña de Salinas de Nahualapa, allí en Tola, Rivas, aparece un duende. Y también dicen que de las aguas termales de la comunidad emerge la mismísima serpiente emplumada en busca de cerdos y gallinas para cenar. Ah, pero gracias al cielo semejante acontecimiento solo se da los 7 de diciembre y el resto del año el sitio es más pacífico que dado a hacer. Tiene, por otra parte, una oferta turística que en verdad da gusto probar.
Piscina, bosque, rancho, silencio y dunas de sal, todo en un tentador paquete de turismo rural.
En la piscina de aguas termales, que brotan en una pileta y son conducidas por tubería, el turista puede darse un baño terapéutico para combatir a la plaga de nuestros días: el estrés.
Además, a estas aguas se les atribuye poderes curativos, debido a cierto contenido de sodio, calcio y azufre. Hasta ahí llegan los habitantes de esta comunidad indígena cuando buscan alivio para la gripe y el dolor en los huesos. Ni el lodo se desaprovecha. Hacen cataplasmas para curar problemitas en la piel. Como el acné.
Cerca de las aguas termales está el bosque. Se ofrecen recorridos de dos manzanas, para observar 97 especies de mariposas, ceibos y caobas, gorriones, guardabarrancos y el “güis”, ese pajarito chismoso que cuando canta anuncia visitas. Por esta bonita caminata de media hora, con guía incluido, se pagan dos dólares.
En verano, en las plazas se forman montañitas de la sal que se produce en esa tierra, donde si usted cava un pozo encuentra agua salada.
Salinas de Nahualapa, sus costas y sus aguas termales son un destino apto para quien busca un rato de relajación. No espere encontrar gran infraestructura. La comunidad ofrece turismo rural del más puro y, ¿por qué no?, la oportunidad de verse a cara a cara con un duende o una serpiente emplumada.
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