Acabada la pitada y el intercambio de motetes con cuajadas, tamales y cajetas entre los pueblos de El Viejo, ahora vienen las fiestas de la Virgen del Hato. La imagen iniciará su peregrinaje por Chinandega para luego visitar Managua y Masaya.
Andará por ahí para que sus fieles le recen rosarios, le paguen promesas y le soliciten milagros. “La Virgen no falla”, dice doña Guillermina Moreno, indígena viejana. Y asegura que a ella la curó de una parálisis sufrida en junio de este año. “En agosto yo ya meneaba mi mano y la fisioterapeuta me decía: lo veo y no lo creo”, cuenta la devota.
Los viejanos “sacan pecho” con la tradición de la Virgen del Hato, a la que atribuyen más de cien años de antigüedad. Otro de sus orgullos es la fiesta de la Lavada de la Plata, una de las más originales festividades religiosas de Nicaragua.
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