Edgard Rodríguez C.
Un Real Estelí, que parece haber mentalizado adecuadamente su papel de protagonista histórico del futbol nacional, agregó un episodio más a su trayectoria de éxitos, al concretar un dramático asalto sobre el Walter Ferreti, vencido 3-2 en el último instante del partido, y adjudicarse el título de Apertura.
El Walter Ferreti fue un digno rival anoche. Luchó hasta el último instante, jamás se echó hacia atrás y jugó más en libertad que el propio Estelí cada vez que se lo propuso.
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Sobre un formidable escenario, amenizado por la bulliciosa barra esteliana y el contrapunto de los seguidores del Ferreti que se movieron hasta el estadio Independencia de la ciudad norteña, el Tren del Norte sobrevivió a varios obstáculos, hasta asegurar la victoria, justo en el último minuto.
No fue un partido de mucha elaboración futbolística, imaginación o proyecciones tácticas, pero sí de mucho carácter, atrevimiento y decisión, en el que el Real Estelí, salió a flote, a pesar de la combatividad del Ferreti, que luchó sin pausas en pos de la victoria.
Justo cuando el Ferreti acariciaba el título, debido a que un 2-2 le significaba la coronación, tras el 1-1 en el partido de ida en Managua, Luis González aprovechó un rechace de la defensa capitalina que no fue despejado con vigor y perforó el arco para 3-2, al minuto 90+2.

Ahí quedó escrita la historia, de un duelo que inició con el Real Estelí atacando con más insistencia, aunque sin la autoridad ni el ritmo que se anticipó. Incluso, fue el Ferreti, a través de Kesler Rizo (40’), quien abrió el marcador.
A pesar que los norteños reaccionaron, fue un autogol de Mario García del Ferreti al minuto 59, el que obligó un 1-1, quebrado ocho minutos más tarde (67’) por un golazo de Elmer Mejía, quien definió de izquierda. Pero el Ferreti no se rindió y en jugada de balón parado, Darwin Ramírez forzó el 2-2 con un gol fantástico, que burló el vuelo de Carlos Mendieta.
Y justo cuando el drama parecía habar acabado, Estelí sacó un último truco y se llevó la victoria con el gol de González, cuando el árbitro estaba por llevarse el silbato a la boca.
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