—Josecito, ayer te vi un poco noche entrando a La Conga Roja. ¿Sabe tu Doña Julia acaso que tú incursionas furtivo por esos andurriales de la vida mala? —Pero Dios, pues siendo ya de noche ¿Cómo, dime cómo sabías que era yo quien entraba? —¿Es el caso no sabes, Josecito, que Dios puede ver perfectamente bajo el más radiante sol lo mismo que en las más densas sombras de la noche? —¿Bajo las sombras de la Noche Triste, Dios?
—Por la tangente no te salgas, Josecito ni te burles tampoco, pues Dios juega siempre limpio y Dios a Dios le dice siempre a Dios y a Luzbel siempre Luzbel. —Tú me dijiste, Dios, que me viste entrando, ¿pero es que me viste salir acaso? —Solo te digo, Josecito, que quien entra sale y que también, además te vi salir como un triste animal triste. —¿Pero en el caso, Dios, que Doña Julia se negara a creer lo que le dices? —Pues en el caso Josecito, en que tu vilmente traicionada Doña Julia no quisiera hacer fe de lo que yo le digo, pues en ese caso tu Doña Julia y su infiel marido pueden irse a la mismísima mierda, Josecito.
Antología
Poemas para doña Julia y otros poemas
José Cuadra Vega
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