Edgard Rodríguez
Es curioso cómo el beisbol ha evolucionado, a pesar de la férrea oposición de supuestos guardianes, que bajo el pretexto de proteger su integridad han estado en contra de pasos necesarios para adecuarlo a los tiempos modernos, sin que ello afecte su esencia.
Hubo oposición para incorporar a los negros; para iluminar los parques y jugar de noche, para la inclusión del bateador designado en la Liga Americana, para crear Divisiones y eventualmente los equipos comodines, los juegos interligas y la extensión de la postemporada.
Y a pesar que en ningún caso hubo acuerdo unánime, cada uno de ellos ha sido un éxito. Ahora llega el debate sobre el uso de la repetición instantánea, y claro, se ha vuelto a hablar de proteger la integridad del juego, como si auxiliarse de las tecnologías, la pusieran en riesgo.
La integridad se conserva a través de la verdad y si la tecnología facilita su búsqueda, ¿por qué resistirnos a su utilización? No era mejor que Armando Galarraga se quedara con lo que verdaderamente hizo, lanzar Perfecto, que pasar a la historia como un afectado por un error.
Quizá lo que podría debatirse es cuándo usar las repeticiones instantáneas, porque si ante toda duda se va a las imágenes, entonces los juegos no acabarían nunca. Y creo que bajo ninguna circunstancia se debe sustituir la incidencia del ser humano a través del árbitro.
Mi punto es que las repeticiones se usen de forma racional. Creo que el más reciente convenio colectivo entre las Ligas Mayores y el sindicato de peloteros lo define bien: para foul o fair, la agarró de aire o no, además, de la ya utilizada para precisar en relación al jonrón.
El beisbol es juego de humanos y regido por humanos, por tanto, no se debe situar toda la responsabilidad sobre la tecnología, pero ya debe acabarse aquello de “jugada de apreciación” para exculpar a quienes se han equivocado, aunque su intención sea hacer lo mejor.
Si la tecnología permitirá que la historia sea escrita con menos errores, entonces hay que auxiliarse de ella.
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