Oscura Navidad

Uno creería que los eternos árboles de Navidad, que desde hace años ocupan las rotondas de Managua, harían que uno se hartara de la fiesta. O que un cínico como este servidor sería inmune a las fiestas. Pero no es ese el caso. Me gusta la Navidad porque me da la excusa perfecta para escuchar el disco A Charlie Brown Christmas , de Vince Guaraldi, sin sentirme como un idiota sentimentaloide.

Por: Juan Carlos Ampie

Uno creería que los eternos árboles de Navidad, que desde hace años ocupan las rotondas de Managua, harían que uno se hartara de la fiesta. O que un cínico como este servidor sería inmune a las fiestas. Pero no es ese el caso. Me gusta la Navidad porque me da la excusa perfecta para escuchar el disco A Charlie Brown Christmas , de Vince Guaraldi, sin sentirme como un idiota sentimentaloide.

Destilar el espíritu navideño en el cine es harto difícil, y ahí si se activan mis defensas. Demasiadas veces las películas se convierten en una pieza más de la orgía consumista de la temporada. Es Navidad, así que más te vale ver ese esperpento que estrenaron solo porque en el póster hay un muñeco de nieve y un pino decorado. Aún recuerdo el vacío existencial de la lastimosa comedia Fred Claus (David Dobkin, 2007), en la que Vince Vaughn era el hermano amargado de Santa. Encontré un trauma más profundo en El Grinch (Ron Howard, 2000), opresiva adaptación del libro clásico de Dr. Seuss, convertida en una pastorela infernal para que Jim Carrey vistiera un horrible disfraz de peluche verde.

Pero yo mismo no soy, pues, un Grinch. Tengo altas expectativas para Operación Regalo (Sarah Smith, 2011), por el simple hecho que es una producción de los estudios Aardman, creadores de Wallace y Gromit, y de la hilarante Chicken Run (Peter Lord & Nick Park, 2000).

Veremos si Operación Regalo se une a mi grupo de películas navideñas favoritas. No las veo necesariamente en estas fechas, pero usan como escenario la época y se enganchan literalmente en ella. It’s a Wonderful Life (Frank Capra, 1946) se transmite todos los años en la televisión abierta de EE. UU. en el fin de semana de acción de gracias. Para millones de familia, verla es una reconfortante costumbre. Pero la película es tremendamente oscura. Jimmy Stewart es George Bailey, un fracasado que contempla suicidarse en la víspera de Navidad. Un ángel trata de convencerlo de seguir con vida. No se aflija, todo sale bien al final, pero Capra no duda a la hora de confrontarnos con lo peor de la naturaleza humana. En Fanny y Alexander (Ingmar Bergman, 1982), una extensa familia burguesa experimenta una fastuosa fiesta de Navidad como antesala a su caída en desgracia. La celebración es gloriosa, y por eso la tragedia por venir duele más. Finalmente, no es casualidad que Stanley Kubrick escenificara su último filme, Ojos Bien Cerrados (1999) en un Nueva York de ensueño, vestido de nieve y luces. Eso le da fricción añadida a la pesadilla de paranoia sexual experimentada por un médico patológicamente celoso, interpretado por Tom Cruise. Nada dice “paz a los hombres de buena voluntad” como Nicole Kidman haciéndole una propuesta indecente a su exmarido. Búsquelas en vídeo… ¡y pase una feliz Navidad!

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí