Por Edgard Rodríguez
Ser mánager en Boston no es igual que en Nueva York, pero debe ser parecido. La exigencia de los fanáticos, la agresividad del periodismo y el afán por trascender, igual que la pasión en general por el beisbol, son aspectos que estas ciudades comparten.
Y en ese contexto, se estableció y brilló Terry Francona, en cuyo currículo no había detalles vistosos antes de su llegada al Fenway Park. Pero acabó con un ayuno de 86 años sin títulos y ganó dos Series Mundiales en ochos años con los Medias Rojas.
Francona parecía más fijo en Boston, que cualquier otro mánager en el beisbol. Pero llegó septiembre y el equipo sufrió el peor colapso de la historia, al concluir con 7-20 ese mes, mientras se les escapaba una ventaja de diez juegos sobre los Rays.
Al caer el equipo, también cayó Francona. Luego se descubrió, que el exitoso mentor había perdido la autoridad sobre el club, con algunos de sus estrellas comiendo pollo y tomando cervezas, mientras los demás jugaban. Y comenzó la búsqueda de su reemplazo, tarea que acabó el martes, cuando en su lugar fue nombrado Bobby Valentine.
Muchos creen que es la pieza correcta para el conjunto. Es un mánager calificado, con la experiencia necesaria, voz firme y sentido del humor adecuado, para lidiar con la presión de Boston. Sin embargo, eso no garantiza el éxito.
Pero llega a Boston, mejor calificado que Francona en 2004. Ganó la Liga Nacional en el 2000 y en Japón con Chiba Lotte, en 2005. Tiene liderazgo, capacidad de motivación y organizativa para reorientar al equipo.
La clave será sin embargo, que sea capaz de reagrupar los egos en Boston y hacer ganar a una tropa, que construida para apabullar a sus rivales, se hundió dramáticamente este año.
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