Si alguna lección nos dejó la Segunda Guerra Mundial a los demócratas del mundo, es que los dictadores en vez de conformarse con las políticas de apaciguamiento, lo que se consigue es que su ambición crezca en desmedro de los supremos intereses de la colectividad. Así consta en la historia que, mientras Chamberlain presumía de haber alcanzado la paz para Europa al haber cedido a las pretensiones expansionistas de Hitler, este se preparaba a tambor batiente para nuevas embestidas. Churchill, con su gran visión de estadista, no cayó en la trampa y logró salvar al borde del abismo una causa que muchos consideraban ineluctablemente perdida.
He traído esto a colación porque después del monstruoso fraude electoral perpetrado en Nicaragua, el pasado 6 de noviembre, por el Frente Sandinista en contubernio con su Consejo Supremo Electoral (CSE), hay sectores de nuestra población que resignados a los designios del dictador pretenden darle a este nuevas oportunidades para que siga en su nefanda tarea de seguir pisoteando los derechos inalienables del pueblo nicaragüense. Y esto no puede ni debe ser, por ninguna razón, motivo o circunstancia. Primero hizo fraude para las elecciones municipales del 2008; ahora hace fraude para las elecciones nacionales del 2011; y si se le siguen permitiendo impunemente sus arbitrariedades, ¿hasta dónde no llegará?
Porque a veces nos parece que nuestros hermanos nicaragüenses o están dormidos o no se dan cuenta que el gran fraude no solo fue para arrebatarle al pueblo el poder ejecutivo, sino que con el 60 por ciento de los diputados en la Asamblea Legislativa que se autorrecetaron, el Frente Sandinista podrá hacer las leyes que se les antoje, hacer una nueva Constitución, y todo a la medida de las ambiciones ilimitadas del dictador y sus secuaces. Hoy más que nunca tenemos que evocar con respeto y admiración el grito del combate pletórico de valor cívico del Mártir de las Libertades Públicas, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: ¡Nicaragua volverá a ser República!
Los nicaragüenses que estamos en el extranjero y que por razones fuera de nuestra voluntad no estamos en nuestra Patria estamos indignados, pero no solo por la farsa de las pasadas elecciones sino por eso y por muchas cosas más. Cuando analizamos las estadísticas de las Naciones Unidas (ONU) y nos comparamos con otros países de similares condiciones en temas como desarrollo humano nos damos cuenta que vamos como el cangrejo, para atrás, para atrás. Y esto es inconcebible en un país que cuenta con los recursos naturales y humanos necesarios para estar a la vanguardia por lo menos de los países centroamericanos.
Así es que estamos también indignados porque nos duele ver a nuestro país manipulado por una caterva de mafiosos; por el desempleo; por la miseria en que viven nuestros obreros y campesinos; por los corruptos partidos políticos que velan únicamente por los intereses de sus cúpulas; por el abandono de nuestros niños y nuestros ancianos; por el maltrato a que son sometidas nuestras mujeres; en fin, por todos los males que han ocasionado las pasadas y las presentes dictaduras.
Los próximos días, semanas y meses demostrarán si es verdad o mentira que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Tenemos, todos los nicaragüenses, un gran reto frente al porvenir: ¡o nos resignamos a que nos pongan el fierro o nos decidimos a luchar por vivir con justicia, dignidad y libertad!
El autor es Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).
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