Inés Izquierdo
A veces nos preocupamos mucho por nuestra apariencia personal y escogemos los mejores atuendos, desde un vestuario elegante y a la moda, hasta un perfume de calidad. De esa misma forma debemos cuidar la redacción, embellecer nuestras letras, darles el toque perfumado de la distinción en el estilo.
Comento lo anterior porque en mi trabajo en LA PRENSA debo revisar los currículos de quienes aspiran a ingresar a nuestro periódico, y hay ocasiones en que me da tristeza ver cómo redactan nuestros comunicadores.
Y no hablo de errores de ortografía, como acentos, signos de puntuación etc., que son las malas yerbas más comunes. Estamos refiriéndonos a problemas de redacción que van desde las preposiciones mal empleadas, hasta los errores en la sintaxis, el gerundio mal colocado, la incoherencia y la estructuración de las ideas.
Hay un remedio muy fácil que ayuda a mejorar la ortografía y redacción: leer. Es necesario incrementar el nivel de lectura, los clásicos nos ofrecen excelentes ejemplos de una redacción pulida y hermosa. Basta acercarse a Cervantes, a Unamuno, Darío o José Martí y hallaremos una fuente inagotable de enseñanza.
La lectura no es solo una forma de entretenerse, es además una vía para aprender sobre el mundo, la vida, la psiquis humana. Crimen y Castigo de Dostoyevski o El Corazón Acusador de Edgar Allan Poe son un ejemplo de esta aseveración.
Comience a preocuparse por escribir bien y recuerde que aunque su contenido esté bien, si lo expresa mal, no servirá de nada. Aunque, como dijera Ricardo Arjona, quien confiesa tener una mala ortografía, muchas cartas y poemas de amor que ha enviado a alguna que otra mujer le ha señalado sus deslices y esto le ha molestado.
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