Moisés Martínez
10 de enero de 1997. El cantante argentino Palito Ortega sale de su retiro para cumplir una asignación especial. Cantar su éxito “Yo tengo fe” para que sirva de telón musical como preludio a la entrada de un gordo y sonriente Arnoldo Alemán, quien en un Mercedes Benz clásico, rojo como el color oficial del Partido Liberal Constitucionalista, se dirigía hacia un estrado ubicado en el terreno de juego del Estadio Nacional, para ser ungido como presidente de la República.
“Yo tengo fe, que todo cambiará, que triunfará por siempre el amor, yo tengo fe, que siempre brillará, la luz de la esperanza no se apagará jamás” entonaba Ortega, mientras en las gradería coreaban entusiasmados el famoso grito: “¡Arnoldo, Arnoldo, Arnoldo!”
7 de noviembre del 2011. Acompañado por unos cuantos seguidores, un Alemán mucho menos gordo da una conferencia de prensa luego de la primera lectura de resultados hechas por su exaliado y magistrado electoral de facto, Roberto Rivas Reyes, sobre los comicios electorales recién pasados. Dice sentirse confiado en que otro supuesto “tsunami rojo” de votos proveniente del sector rural, donde supuestamente radicaba el músculo liberal, revertiría las primeras tendencias. Por más seguridad que quiere aparentar, la derrota estaba dibujada en el rostro del caudillo rojo. Finalmente las tendencias no cambiaron, y la otrora primera fuerza política del país se convertía en una minúscula representación en un congreso dominado por una aplanadora rojinegra.
¿Qué fue lo que pasó? Para Francisco Aguirre Sacasa, compañero de fórmula de Alemán en esta fallida aventura electoral, lo que sucedió fue que con el fraude perpetrado en los pasados comicios, el “pato de la fiesta” resultó ser el PLC. Desde la perspectiva del también excanciller, si los comicios hubiesen sido transparentes, se hubiesen replicado los resultados obtenidos por el partido “rojo sin mancha” en los comicios del 2006, en un porcentaje un poco mayor. Sin embargo, haciendo uso de ese lenguaje diplomático que maneja tan bien, Aguirre Sacasa está convencido de que el PLC necesita una reinvención como fuerza política, que pasa necesariamente por el hecho de que Arnoldo Alemán, al menos en el corto plazo, desista de ser nuevamente candidato a la presidencia.
“El PLC tiene dos retos inmediatos que enfrentar. El hecho de que estas elecciones son nulas e ilegales no impide que, simultáneamente, se trabaje en la reinvención del PLC, hacerlo relevante a las necesidades de la sociedad nicaragüense, en darle repuesta a las necesidades que anhela el pueblo nicaragüense”, anotó Sacasa.
Asegura que en aras la amistad que lo une con Alemán, ya le ha planteado la necesidad de que en el marco de esa reinvención, el expresidente aplique una retirada táctica para darle espacios a una renovación de liderazgos.
“Arnoldo Alemán ya fue presidente una vez. Está en los libros de la historia. Ya coronó su carrera política. Arnoldo es mi amigo, es una persona astuta y que tiene un buen olfato político, pero no siempre el mejor criterio a la hora de seleccionar personas. Yo creo que Arnoldo Alemán debería, teniendo una vida —es decir, no necesita sacrificar su capital personal, su salud, las horas con su familia—, entrar en un proceso de autoexaminación, y aunque no se va a retirar de la política, si va a desistir de buscar de nuevo la presidencia, por lo menos para los próximos comicios electorales”, opinó.
La pregunta es: ¿aceptará Alemán? “He hablado con Arnoldo del tema. Yo soy muy franco con él, es una amistad fraternal, y yo creo que Arnoldo puede ser parte de la solución al problema del PLC, que es un problema real. Él es un líder de verdad, no se puede borrar eso. Las realidades se imponen. Las dos realidades que chocan es el liderazgo de Arnoldo Alemán y el hecho de muchos no lo ven como un candidato ganador. Mi esperanza es que Arnoldo va a estar consciente de lo que él puede hacer por la reconstitución del PLC, que tiene que ser genuina, no puede ser cosmética”, añadió.
EL PACTO MALDITO
Pacto. Es una palabra maldita que ha perseguido al PLC desde 1999, a raíz de la repartición de poder acordada entre Arnoldo Alemán y el ahora presidente Daniel Ortega. Tanto es el estigma que carga, que el mismo Alemán se pasó toda la campaña electoral renegando de este, y gritando a los cuatro vientos que nunca pactó con Ortega.
La encuestadora M&R fue la firma cuyas proyecciones sobre el papel que iba a desempeñar el PLC en los recientes comicios se acercaron más a los resultados oficiales brindados por el Consejo Supremo Electoral (CSE) de facto. A Raúl Obregón, presidente de la firma, no le cabe la menor duda que fue el pacto libero-sandinista la causa de la desintegración del capital político de Alemán. “Lo que pesó más fue el pacto. En los estudios que realizamos, la gente que votaba por el PLC en los años anteriores decía claramente que eso de la corrupción podía pasar, pero el pacto era imperdonable. Esto porque la palabrita pacto, en el ámbito político, es una pésima palabra y tiene que ver más con intereses partidarios y personales”, explica el especialista. Además de las nefastas consecuencias del pacto, Obregón también detalló los que a su juicio fueron importantes errores de estrategia o pensamiento que llevaron al PLC al hoyo en que se encuentra actualmente.
“Ellos públicamente estaban montados sobre algunas premisas que no eran correctas. En infinidad de ocasiones se escuchó a la dirigencia del PLC decir que eran el único partido capaz de ganar elecciones, lo cual fue un craso error, porque en este país y con estas elecciones quedaron demostradas que los que ganan elecciones son los independientes, no los que tienen filiaciones partidarias. Ellos asumieron que todos los que votaban por ellos eran liberales”, explicó.
“Después de eso, la situación que pasó el doctor Alemán entre 2001 y el 2006 con las acusaciones por actos de corrupción, caló en la población y, sobre todo, en la gente que votaba por él. Perdió credibilidad fuertemente. Recuerdo que en las encuestas de aquellos años, la mayoría de la gente daba por sentado que las acusaciones que se hacían contra él eran sustentadas y con fundamentos, y él tenía que responder por estas acusaciones. Poca gente creyó que las acusaciones tenían ribetes políticos”, agregó el especialista.
Finalmente, para Obregón el otro factor de peso fue que para los independientes e incluso partidarios liberales, Alemán fue al causante de la división de las fuerzas opositoras. Su famosa frase de que él “era puente, y no pared” nunca fue tomada en serio por aquellos que respaldaron al PLC con sus votos, tanto en 1996 como en el 2001. Luego de los resultados electorales, Alemán ha mantenido un bajo perfil ante los medios de comunicación. Sin embargo, cuando asistía a un oficio religioso en memoria de su padre, el caudillo insistía ante los periodistas que el PLC “resurgiría de las cenizas”.
La incertidumbre es, sin embargo, si ese andar desde las cenizas pasará por el “puente” de su retiro político o chocará contra la “pared” de sus ambiciones presidenciales.

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