Por Edgard Rodríguez
Debo tener al menos cinco años de no ver a Erasmo Ramírez, el joven prospecto nicaragüense que luce cada vez más cerca de un montículo de Grandes Ligas.
Pero no hace falta verlo para constatar el progreso que ha experimentado como lanzador de notable brillantez, y la madurez que seguro tiene como persona.
Ramírez pareció siempre un muchacho de trabajo en serio, fácil sonrisa, quieto, respetuoso, hablando lo necesario y con una dedicación especial para entrenar.
Desde muy jovencito tuvo una mecánica limpia, fluida. Y su físico siempre atlético, le permitió, incluso, destacarse con la jabalina, al igual que su hermana Janys.
“No pierdas de vista a este chiquito. Tiene los mejores movimientos entre todos los jugadores que vimos. Su velocidad no está bien ahorita, pero puede mejorar”.
Esa fue la recomendación que ofreció Ramón Valdivia, scout-supervisor de los Yanquis, cuando vimos a Erasmo en Rivas, junto a un grupo de muchachos de la academia.
Luego viajó a El Salvador, donde terminó de pulirse y fue firmado por Seattle, que lo tiene ahora entre sus jóvenes de mayor futuro.
Y de acuerdo con lo que he consultado con amigos que viven por donde ha pasado Erasmo, siempre dicen que es muchacho de trabajo en serio. Un profesional.
El último reporte me lo dio César Suárez, scout de los Yanquis en Venezuela. “Ese tipo es una máquina de dar strikes. Da strikes como con diez pitcheos”, me dijo.
Su velocidad es buena. Se afirma que rasca las 93 millas y que se mantiene en 91. Pero lo mejor es su habilidad para lanzar donde quiere.
Erasmo es un lanzador de control. Pero mejor aún, es un joven con control de sus acciones, claro de sus metas, dentro y fuera del campo.
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