La Corte Suprema de Justicia (CSJ) que debería ser el órgano constitucional más serio del país, ha brillado desde hace algunos meses por una falta de seriedad suprema, haciendo de la constitución un papel reciclable e interviniendo en otros poderes del Estado (léase legislativo y electoral) a completa discreción, quedando ella misma sujeta al arbitrio y voluntad del poder “constituyente” que es el ejecutivo. Como puede observarse estamos patas para arriba, no hay un norte institucional, ni menos aún un horizonte visible en este confuso panorama, ahora más confuso con la debacle electoral llena de inconsistencias y de irregularidades.
Empecemos con la incorporación del mandatario actual a la lista de candidatos presidenciales, donde por más argumentos y sofismas que se esgriman, se ve la mano misma del presidente ordenando este borrón en la carta magna, repudiado por todo aquel, que tenga sentido común y un poco de sinceridad ciudadana para verlo. La reelección es el mal endémico que nos tiene 50 años detrás de los otros países de Centroamérica. Es inconcebible que a estas alturas de nuestra historia estemos recreando caudillos con el concurso del supuesto pináculo de la justicia nicaragüense. La CSJ ha evidenciado su desvergüenza y su credibilidad ha quedado reducida a cero.
Pero esto no es todo el meollo de la ignominia. En fechas recientes esta misma Corte ha recibido los recursos de amparo de varias facciones del PLI, lo cual es aparentemente normal, para dirimir diferencias, aunque se vislumbra en ello un despropósito del alto cuerpo colegiado, en anunciar que antes o después de las elecciones, la sentencia que emita al respecto puede dejar sin curules a todos los diputados ya legalmente inscritos de la Alianza PLI y que si sacan una sentencia favorable a la no inhibición, sería por conveniencias de política de estado. Todo lo expresado por el magistrado Rafael Solís y otro colega a este respecto es la mayor falta de seriedad que jamás se haya observado en Nicaragua, a nivel de un poder del Estado en funciones. Ellos saben que no pueden inhibir a los diputados de esa alianza, ya que hubieran dejado al candidato a reelegirse en total soledad, deslegitimando aún más su candidatura presidencial y si esto lo hacen a posteriori el descrédito del país aumentaría, aún más del que ha producido el ignominioso fraude electoral cometido en fecha reciente. De modo que estos magistrados deben tener más coherencia y respeto al pueblo, que tiene que tolerar tanto desatino y manipulación con estas insensatas declaraciones, desafortunadas, inoportunas e ilegales. Lo que diga la Corte ahora, no cabe en ningún contexto, menos en el de salomónico.
Habría que preguntarse si una sentencia desfavorable a los diputados inscritos del PLI no es una injerencia de la Corte en los asuntos de otro poder del Estado. Si así fuera el caso, este sería la antítesis de que lo que Montesquieu quiso establecer en su teoría de los poderes, su separación y contrabalance de unos con otros. Sería la prueba irrefutable que aquí en Nicaragua los poderes del Estado no existen y menos su separación. Lo que vemos es el resurgimiento de un neofascismo y el alejamiento de nuestra anhelada democracia, por la que todos seguiremos luchando, hasta que Nicaragua vuelva a ser República. El autor es empresario
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