Por Edgard Rodríguez
Aun cuando velocidad y poder, son variables que se mueven indistintamente dentro de un agitado debate sobre el factor que debe desequilibrar la pelea que tendrán mañana, Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez, no menos cierto es que inteligencia y combatividad, serán también, ingredientes claves en este singular duelo.
El favoritismo de Pacquiao es claro. Es el mejor boxeador de su generación y ha resuelto cuanto desafío se le ha planteado. Pero Márquez ha sido su rival más competitivo y si hay un tercer duelo entre ambos, es porque las batallas anteriores no arrojaron un ganador con la claridad necesaria.
Aun así, Pacquiao debe ganar. Su boxeo explosivo, agresividad sin pausas y golpeo potente, combinado con esa velocidad que deslumbra y que le hace disparar desde los ángulos menos previsibles, mientras entra y sale de la línea de fuego, deben permitirle sujetar la bravura del combativo peleador azteca.
Debe ser este, un combate que irá a toda su extensión, como ocurrió en las dos anteriores batallas. Márquez fue tumbado tres veces en el primer duelo en el 2004 pero reaccionó, al extremo que la decisión fue empate. Y cuando se volvieron a medir en 2008, la decisión que se adjudicó el filipino, resultó igualmente controversial.
A diferencia de los duelos pasados en pluma y superpluma, ahora van a medirse en peso welter, con la corona OMB de Pacquiao en juego. Hay quienes creen que Márquez estará más lento con su mayor tonelaje. Él dice que estará más fuerte y hará más daño. Pero el asiático ha sabido torear a gente pesada.
Lo mejor es que se acerca la hora del combate y, sobre el ring, las teorías se vienen abajo, para dar paso a las acciones de una pelea que imaginamos para la historia, con dos gladiadores dispuestos a morir, antes que perder.
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