Gisella Canales Ewest
En el sector rural menos de un 20 por ciento de las mujeres son oficialmente consideradas parte de la Población Económicamente Activa (PEA), cifra que es muy baja aunque en la práctica es mayor, porque son excluidas de estructuras y mercados laborales formales, y mientras esto persista la pobreza en el sector rural no disminuirá.
Esa es una de las observaciones del estudio Dinámicas Territoriales en Nicaragua: Control de Activos Tangibles e Intangibles por Género, elaborado por el programa Dinámicas Territoriales Rurales, del Centro de Desarrollo Agrícola para América Latina (Rimisp).
17.1% de las mujeres en el área rural forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA), pero la gran mayoría no figura oficialmente en ese sector, pese a realizar actividades productivas.
18% de los dueños de fincas del país son mujeres, según el Censo Nacional Agropecuario del 2001.
84.1% de las fuentes de agua, vitales para el uso doméstico y productivo, son propiedad de los hombres.
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El análisis se hizo en base a cuatro fuentes de información oficiales: el Censo de Población del 2005, la Encuesta de Demografía y Salud 2006-2007, la Encuesta de Medición del Nivel de Vida 2005 y el Censo Nacional Agropecuario 2001.
El estudio constató que los hogares rurales pobres tienen dificultades para ser parte de las actividades de mayor dinamismo económico, pero esto es más acentuado entre las mujeres.
POLÍTICAS PÚBLICAS EXCLUYENTES
El estudio apunta a que, si bien las mujeres no figuran como personas activas económicamente, se debe a una exclusión de las estadísticas oficiales, pues en la práctica la mayoría de las mujeres sí realizan trabajo productivo y reproductivo.
“Por ejemplo, las labores que realizan en el campo, como crianza de animales para la venta y el autoconsumo, no son tomadas como actividad económica”, es por ello que no reciben asistencia técnica y subsidios, “ya que los programas y políticas de desarrollo privilegian a los hogares con jefatura masculina”.
El estudio revela que las mujeres nicaragüenses “no solo tienen pocas oportunidades de empleos formales y bien remunerados, sino también tienen poco acceso a diferentes activos clave como tierra, animales y fuentes de agua”.
En comparación con los hombres, las mujeres poseen menos tierras y menos activos como animales.
Recomienda que se debe aumentar las oportunidades de empleo permanente para las mujeres y mejorar las condiciones laborales actuales. Asimismo, generar estrategias para facilitar el acceso de las mujeres a tierras, animales y fuentes de agua, lo cual “podría contribuir notoriamente a la reducción de la pobreza y a la creación de dinámicas territoriales virtuosas”.
“La evidencia muestra que los municipios con mujeres rurales de mayor nivel educativo experimentan reducción de la pobreza”, apunta Tomás Rodríguez, uno de los autores del estudio.
Ligia Gómez, otra de las autoras, señala que son las políticas públicas las que deben contribuir a generar instancias de participación femenina.
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