Lya Barrioz

Hace tres años, la vida personal y artística de Lya Barrioz dio un giro total e inesperado. Dejó los escenarios sin despedida. Su hermano mayor luchaba por su vida, frente a una enfermedad denominada hipertensión maligna, que le provocó un derrame masivo y lo mantuvo en coma en un hospital de Miami. Su amor por él es tan grande que no se le separó.

Por Auxiliadora Rosales. Fotos de Alfredo Zúniga.

Hace tres años, la vida personal y artística de Lya Barrioz  dio un giro  total e inesperado. Dejó los escenarios sin despedida. Su hermano mayor luchaba por su vida, frente a una enfermedad denominada hipertensión maligna, que le provocó un derrame masivo y  lo mantuvo en coma en un hospital de Miami. Su amor por él es tan grande que no se le separó.

 “Lo de mi hermano me tomó por sorpresa, me sacó de los escenarios, del país. Mi vida personal y  artística se trastocó. Dejé todos mis proyectos: un largometraje  que haría con  Rossana Lacayo, un programa de televisión que se llamaría El show de Lya, donde yo sería la anfitriona, y una relación (amorosa) que iniciaba. Pero a mí no me importaba nada más que la vida de mi hermano”,   confiesa Lya.

Durante esa etapa, cuyos fans ignoran, Lya perdió la mitad de su cabellera, le empezaron  a salir canas y arrugas y llegó a pesar menos de 100 libras. “En menos de seis meses me transformé. Fue algo increíble, porque por primera vez en mi vida tuve sentimientos suicidas.

Fue una situación muy difícil que nos desgastó física, emocional y  económicamente a mi madre y a mí, porque estuve tres años en Estados Unidos sin trabajar, durmiendo en una silla de un hospital y compartiendo muchas veces un plato con comida con mi madre. Pero en medio de eso Dios no nos abandonó. Por el contrario, pude ver ángeles que me ayudaron, que me dieron una almohada  o una taza con café. Mi familia entera se aferró a la fe en Dios, la cual hoy mantiene vivo a mi hermano y con muchas mejorías después de que ningún médico le daba esperanzas”, revela .

La débil salud del hermano de Lya la golpeó de esa manera, porque desde niños ellos mantenían una relación muy especial. “Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 8 años y de alguna manera mi hermano asumió el rol de mi padre. Hablaba mucho conmigo, me aconsejaba y yo lo respetaba. Siempre me estaba enamorando para que me quedara a vivir en Estados Unidos, pero a mí nunca me gustó la idea”.
Esta valiente mujer nos comparte que económicamente pasaron a tener un saldo rojo. “Nunca nos esperamos que algo así tocara a mi familia. Mi hermano y su esposa son  médicos en Estados Unidos y  vivían bien, con dos hijos preciosos y una casa inmensa. Pero todo ese cambio me ha hecho valorar más la vida”.

EL PÚBLICO NO LA OLVIDÓ

Durante esos años Lya venía por poco tiempo al país para asumir compromisos sumamente importantes como la campaña contra el Sida, de la que fue imagen en el 2008.
 “A pesar de mi ausencia, la gente no me abandonó y eso me alentó mucho. Encontré la forma de estar en contacto por medio de las redes sociales, que también me sirvieron de terapia para mantener el equilibrio. Por eso fui una de las últimas artistas nacionales  en estar en Myspace y en Facebook”.

Después de esa dura experiencia, la cantante aprendió a ver las diversas situaciones de otra manera y a siempre agradecerle a Dios por todo, incluso por aquello que parece malo. “Si aprendes de ellas y te dejan cosas positivas, en realidad no fueron malas. Ahora las cosas materiales no me parecen tan importantes. Todo lo que tenemos hay que agradecerlo. En medio de todo eso, vivimos cosas lindas. Mucha gente de diferentes religiones y países se unieron a nosotros en  cadena de oración”.

NACIÓ UNA ESTRELLA

Era la década de los años ochenta y el programa juvenil Energía seguía descubriendo las estrellas nacionales que se convertirían en íconos que hasta hoy alumbrarían el firmamento nacional.
La figura menuda de Ligia Barrios, con tan solo 16 años y dueña de una voz sin igual, se apoderaba del escenario de Energía al  interpretar el tema de Gloria Estefan No te olvidaré, y la versión de Luis Miguel Nos quedamos solos. Pero también se colocaba en el corazón de los nicaragüenses que recuerdan su nacimiento artístico.

“Al inicio no veía la música como algo serio. Recuerdo que Andrés Sánchez me propuso que fuera la intérprete de un grupo. Al inicio no me llamó la atención, tanto así que me fui a Estados Unidos con mi madre. Pero él insistió y le pidió permiso a mi mamá y así empecé con Macolla, por tres años y medio. Fue una época increíble, porque pasaba de temas como los de Mariah Carey a Laura León. Gracias a Dios tengo la facilidad de pasar de los altos a los bajos y viceversa”.

Lya revela que nunca estudió ni música, ni canto. Todo su talento es innato, pues aprendió de oído. Desde los siete años pasaba horas escuchando los boleros del Trío Los Panchos,  que su padre tenía en  discos de acetato y que después cantaba. Esa sería su escuela que más adelante la llevaría a estar al lado del grupo Macolla y posteriormente le permitiría lanzarse como  solista.
 

COMPROMETIDA CON LA DEFENSA DE BOSAWaS

Pese a que el problema de salud de su hermano la mantuvo lejos de su país, nunca perdió vínculos, ya que siempre estuvo pendiente de todo lo que pasaba dentro del territorio, sobre todo con las causas que considera justas.

“Me siento comprometida con muchas cosas en la vida: con mis fans, con el medio ambiente, con los niños de la chureca, con quienes trabajo por medio de Dos Generaciones y  con nuestra reserva Bosawas. Creo que como artistas y figuras públicas tenemos una responsabilidad muy grande porque tendemos a ser un ejemplo a seguir. Por eso, debemos ser cuidadosos con lo que hacemos y a la vez intentar ser proactivos para aprovechar la popularidad dentro de causas nobles”.

Lya creció dentro de una familia comprometida. Su padre y abuelo le inculcaron ser sensible ante los demás. “Mi padre y mi abuelito tenían una conciencia social muy amplia. Ellos me enseñaron mucho. Por eso, como ser humano, como mujer y como artista me siento comprometida para el bien de la comunidad”.
Tan comprometida se siente con su país, que el año pasado tras las quejas públicas de los mayagnas y de personajes como el ambientalista Kamilo Lara y el  diputado Agustín Jarquín Anaya, que anunciaban el despale indiscriminado en Bosawas, Lya no se quedó de brazos cruzados.
“Quedé en shock cuando conocí la noticia del despale a nuestra reserva. Llamé a la periodista Martina Porta, quien tiene mucha experiencia en el tema de medioambiente, y le dije que hiciéramos algo. Ella tenía el conocimiento  y yo la imagen. Empezamos a golpear puertas con el cuento que como ciudadanas teníamos derecho. Así visitamos el Ejército, la Asamblea Nacional y diversos medios de comunicación”.

Es así, como una inquietud, que nace SOS Bosawas. Rápidamente se convirtió en una junta directiva, que aglutinaba a personajes destacados, después se convirtieron en  sociedad civil y la acogida de la gente fue tanta que generaron todo un movimiento, que  cuenta con una página web de nueve mil miembros.

“Es un portal virtual donde hay noticias actualizadas. La gente puede opinar y hasta participar como voluntarios. Ahora tenemos la cooperación de la Unesco y la cooperación Alemana para promover  actividades en alianza”, explica Lya.
A criterio de la cantante, en el despale de Bosawas hay toda una mafia maderera que tiene aliados dentro del país, pero que los principales autores se encuentran fuera de Nicaragua.

 “Lo más triste es que hay nicaragüenses irrespetuosos e inconscientes con uno de los tesoros que tenemos a nivel mundial. Sin asco participan de esto, con el único deseo desmedido de enriquecerse sin importar que se destruya ese pulmón de América. Te puedo decir que hay gente muy poderosa metida en este asunto. Los socios más fuertes están fuera de Nicaragua, los nicaragüenses solo son facilitadores. Es un negocio en el cual corre mucha plata. Yo no  les temo a ellos. Sé que no me estoy metiendo con cualquier gato, pero tampoco creo que quieran hacer de mí una mártir”, concluye Lya Barrios.

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