Salvar a Joseth

Hay noticias que pueden destruir un mundo, reescribir una vida, alborotar los miedos despiertos y despertar a los dormidos. Las hay. Y llegan cuando nadie las está esperando. Se reciben a quemarropa, con el rostro yerto y la mirada vacía. Entonces algo se quiebra por dentro y se llora hasta que se acaban las reservas de llanto. Una de esas noticias recibió Karla Osejo, joven matagalpina, el 3 de agosto del año pasado, cuando una doctora le dijo: “Tu hijo tiene leucemia”.

Por Amalia del Cid

Hay noticias que pueden destruir un mundo, reescribir una vida, alborotar los miedos despiertos y despertar a los dormidos. Las hay. Y llegan cuando nadie las está esperando. Se reciben a quemarropa, con el rostro yerto y la mirada vacía. Entonces algo se quiebra por dentro y se llora hasta que se acaban las reservas de llanto. Una de esas noticias recibió Karla Osejo, joven matagalpina, el 3 de agosto del año pasado, cuando una doctora le dijo: “Tu hijo tiene leucemia”.

Es mentira, se repetía la madre. Pero no lo era. Así que comenzó a culparse a sí misma por lo sucedido. Sin embargo, eso no tenía sentido. Y, cansada, se volvió a Dios para preguntarle: ¿Por qué le hiciste esto?

Han pasado 15 meses desde ese día. A pesar de que lo han sometido a numerosas quimioterapias, Joseth Gabriel continúa siendo un niño gordo y tan cachetudo que parece haber salido de alguna pintura de vírgenes y angelotes. Tiene la noche en los ojos. Y se emociona cuando ve llover. Le gusta maltocar un piano de juguete, ver en la tele el programa del dinosaurio morado y comer. A toda hora tiene hambre, incluso cuando lo acaban de pinchar con agujas para aplicarle tratamientos contra la enfermedad que lo aqueja.

La leucemia linfoblástica aguda que el niño padece consiste en células que evolucionan a linfoblastos, pero no maduran para convertirse en linfocitos (glóbulos blancos). Según el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos, esto causa que, a medida que aumentan las células leucémicas, haya menos espacio para los glóbulos blancos, los glóbulos rojos y las plaquetas sanas; por lo que se pueden producir infecciones, anemia y sangrados fáciles.

A Joseth Gabriel se la diagnosticaron cuando faltaban 21 días para su cumpleaños número uno. En sus primeros 11 meses de vida pareció ser un niño saludable, no tuvo anemia, ni siquiera una gripe. Pero hacía poco le habían aparecido granitos rojos, se puso triste, perdió el color y estaba todo el tiempo cansado, cuenta Karla. Así que sus padres, alarmados, lo llevaron a una clínica en Matagalpa. Tras varios exámenes de sangre y ultrasonidos les informaron que el pequeño tenía ganglios, lo que podía significar tres cosas: infección renal, infección en la garganta o, lo peor, cáncer.

No tuvieron que esperar mucho para recibir la noticia que les cambió la vida. La doctora les aconsejó que lo trasladaran al Hospital La Mascota, en Managua. “Es el único lugar para los niños con cáncer”, les explicó.

Entonces Karla, hoy de 25 años, y su esposo, Aramis Celedón, de 23, dieron en alquiler su casa y partieron con Joseth Gabriel hacia la capital. El niño estuvo internado durante un mes y seis días. A sus padres les informaron que no había mucha esperanza porque el cáncer parecía ser más rápido que la quimioterapia.

“En la leucemia hay tropiezos. Un día estaba bien, otro día mal. Estábamos desesperados, no sabíamos dónde llevarlo, ni cómo pagar. Entonces nos dijeron que la única alternativa era un trasplante de médula ósea”, recuerda la madre.

En este punto estaban

cuando un personaje, de esos que son ángeles de carne y hueso, entró en escena. La venezolana- brasileña Carolina Diago se interesó en el caso de Joseth Gabriel, luego de que la abuela del pequeño la viera en un programa televisivo hablando acerca de cáncer en niños y la contactara.

Carolina, quien desde hace diez años trabaja con organizaciones que ayudan a niños con enfermedades graves, empezó a gestionar en hospitales estadounidenses para que aceptaran a Joseth Gabriel. Todos pedían demasiado dinero para recibirlo. Mientras, el niño sufría continuas recaídas y sus padres desesperaban. Aramis dejó su trabajo de ejecutivo de ventas para poder turnarse con Karla en el hospital y comenzaron a vivir de donaciones de la familia.

Fue un año de esperas y decepciones. “Ya casi me daba por vencida, con un dolor profundo porque sentía la desesperación de la familia”, confiesa Carolina. Sin embargo, decidió hacer un intento en la fundación Wonderfund, que está en el hospital Jackson’s Holtz Children’s, en Miami, Florida, y tiene la misión de ayudar a niños que no pueden ser tratados en sus países natales. La joven empeñó su palabra, prometió que se recaudarían los 300 mil dólares necesarios para tratar al pacientito y logró que lo aceptaran. Es algo que ahora solo puede explicar como “un milagro de Dios”.

El ingreso del niño se aprobó el jueves 13 de octubre, el viernes Karla fue a pedir la visa para viajar con su hijo. Solo llevaba una carta de Wonderfund y con eso fue suficiente. Ese mismo día le entregaron los pasaportes visados y el domingo volaron hacia Miami donde los recibió Carolina. El lunes Joseth Gabriel ingresó a cuidados intensivos, con las plaquetas bajas y sangrado de nariz.

Ha mejorado desde entonces.

Ahora tiene un cuarto para él solo en el área de hemato-oncología. Está recibiendo quimioterapia y preparándose para recibir el trasplante que puede regalarle una vida. Sus padres están instalados cómodamente en una casa del hospital y se turnan para cuidar a su retoño. Él vigila de día; ella vela de noche. Todo ese tratamiento, más la operación tendrá que ser pagado. Ya la familia Celedón-Osejo anda moviendo cielo y tierra para buscar los seis millones 882 mil córdobas necesarios. Luis Enrique Mejía, el salsero nica, se ha sumado a la causa. Por donde corre la voz y gracias a él este caso ha cobrado fuerza. Incluso, este mes el artista dará un concierto a beneficio del niño.

Matagalpa no se ha quedado atrás. Por la ciudad se han regado alcancías y la solidaridad ha recaudado unos 15 mil dólares, señala Sugey Osejo, hermana de Karla.

Los padres no pierden la calma, confían en que se alcanzará la meta. Además, a estas alturas no se pueden dar el lujo de darse por vencidos; no ahora que ven tan cerca la posibilidad de que haya un donante compatible o que, de no ser así, se puedan usar células madre extraídas de un cordón umbilical para combatir las células leucémicas. En esta espera, Joseth Gabriel es el más valiente de todos.

“Nunca está triste, nunca baja el ánimo”, comenta su orgullosa mamá. El niño come pastas y pollo, bebe sopas, mira caricaturas y partidos de beisbol y futbol. Decidió que le va al Barcelona. Sonríe todo el tiempo y de esa forma ha dado una lección de fortaleza a sus papás.

“Comprendimos que estas son pruebas que uno tiene que superar. Nos dijimos: no nos podemos derrumbar. Hay que tratar de llevar una vida normal y vivir cada día como si fuera el último”, dice Karla, quien ahora le da mayor importancia a cada detalle, a cada momento que pasa con su hijo. Aunque a veces se le hace difícil, trata de no pensar en la muerte para poder disfrutar de la vida.

Y mientras hay vida hay esperanza. En su página web, Luis Enrique llama a sus seguidores a unirse a la causa de Joseth Gabriel. Y dice a sus seguidores: “En los ojitos de Joseth vi inmensas ganas de vivir, ayúdenme a darle esa posibilidad”. Usted, ¿lo hará?

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