Por César Ubeda Bravo
Estas elecciones podrían ser calificadas como atípicas en el historial electoral de Nicaragua. Primero, porque la competencia fue “desigual y combinada”, ya que el FSLN además de controlar todos los poderes del Estado cuenta con la colaboración del PLC, su contrapartida en el pacto de reparto, para servir de lastre a la alianza PLI que ha debido enfrentarse a cuatro adversarios: FSLN, PLC, ALN y Apre, más los agentes que intentan quitarle la representación legal, expresó Mauricio Díaz.
“Desde esta perspectiva esta es una campaña sui géneris en la que la alianza PLI debió primero asumir el reto de enfrentarse al pacto vigente que le ha venido poniendo obstáculos legales y políticos para boicotear su campaña. El colmo fueron las amenazas de inhibir a los candidatos a diputados”, estimó.
Segundo, porque el FSLN ha querido impedir que la alianza PLI devenga en una coalición opositora como lo fue la UNO, para lo que ha contado con los cooperadores necesarios, que autollamándose demócratas están atentando contra la democracia.
Como tercer aspecto señaló que ha sido una campaña electoral “descafeinada” por la ausencia de debate político de altura, producto de la negativa de Daniel Ortega de enfrentar a sus adversarios políticos. Todo lo contrario, intentó “echar a pelear” a los otros candidatos, manteniéndose fuera del ring en una clara maniobra destinada a ridiculizar a sus oponentes.
ORTEGA CON AFÁN DE CONVERTIRNOS EN UNA SUERTE DE COREA DEL NORTE
“El cuarto punto, es que los partidos políticos en la contienda estuvieron más preocupados por defenderse de los ataques provenientes de la misma acera que juntarse para enfrentar al enemigo común (?), que en este caso deja de ser enemigo común por el pacto con Alemán y sus alianzas “numismáticas” con otros partidos que dicen ser oposición, pero que están corriendo únicamente para favorecer al orteguismo”, aseveró.
El quinto aspecto que mencionó Díaz es que lo más notorio en esta campaña fueron dos hechos, el primero es el intento gobbeliano del FSLN de uniformar a la niñez, la juventud y la nación pintando todo de rojo y negro y encamisetando a miles de personas, en un afán de convertirnos en una suerte de Corea del Norte, pero la conciencia y los principios no se dejan uniformar. “Y segundo, la irrupción del fenómeno Gadea, que entró para romper el nudo gordiano del pacto espurio y desafiar al orteguismo derribándolo del poder”.