Por Anne Pérez
La subsecretaria adjunta para Asistencia Humanitaria de la ONU, Catherine Bragg, concluyó esta mañana una visita por las zonas afectadas por el invierno en Tipitapa, en la zona de La Bocana la que está siendo afectada por la crecida del Lago Xolotlán y del río Tipitapa.
Bragg se encuentra en una visita oficial de parte de las Naciones Unidas para constatar la emergencia en el país y otros países de la región Centroamericana para posteriormente promover una estrategia de ayuda para los afectados por las lluvias.
Bragg realizó también una visita a algunos albergues de Managua, así como la visita a algunos barrios costeros de la capital, afectados por la crecida del Lago Xolotlán. Además, visitó el vertedero de basura La Chureca acompañada por funcionarios municipales y autoridades de Defensa Civil.
La delegada de la ONU dijo que pudo constatar en el sitio y no a través de fotografías “que los pobres siguen siendo los más afectados por los fenómenos», pero que sin embargo, ella pudo observar que «ha habido un alto nivel de respuesta ante la emergencia».
En Tipitapa, ante los desastres causados por las lluvias más de mil 200 personas fueron evacuadas de La Bocana y de otros barrios costeros quienes fueron trasladados a unos ocho albergues a causa de la crecida del río Tipitapa y del Lago de Managua.
La subsecretaria general para Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas llegó al país desde ayer miércoles para realizar una visita de cuatro días por Nicaragua, así como por El Salvador para conocer de primera mano el impacto de las lluvias que azotaron a los dos países.
La ONU llamó la semana pasada a la comunidad internacional por una ayuda de 14,3 millones de dólares para asistir a unas 134,000 personas en Nicaragua y de 15,7 millones para socorrer a 300,000 afectados en El Salvador.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, declaró el martes que todavía no ha suspendido una declaración de emergencia en el país debido a que cientos de personas permanecen en albergues temporales.
Las autoridades mantienen una vigilancia permanente en el lago Xolotlán, por el crecimiento en el nivel de sus aguas que amenazan a unas 987 familias.