Échele mano pues…

Los bolígrafos, lápices, estilográficas y rotuladores se parecen cada vez más a piezas de museo cuando los empleamos como medio principal y habitual para representar nuestras palabras o ideas con letras u otros signos, trazándolos sobre el papel o bien para comunicarle algo a otras personas.

Omar R. Goncebat EFE

Los bolígrafos, lápices, estilográficas y rotuladores se parecen cada vez más a piezas de museo cuando los empleamos como medio principal y habitual para representar nuestras palabras o ideas con letras u otros signos, trazándolos sobre el papel o bien para comunicarle algo a otras personas.

Nadie duda de las enormes ventajas en cuanto a calidad, velocidad y cantidad a la hora de elaborar un texto que ofrece la escritura mediante teclados o pantallas táctiles, en ordenadores, tabletas electrónicas, teléfonos móviles y todo tipo de dispositivos portátiles.

Su resultado es impecable: un texto con una tipografía muy agradable y libre de tachaduras o borrones, que después puede copiarse al papel mediante una impresora de última generación o visualizarse en una atractiva pantalla de alta resolución.

No obstante, las últimas investigaciones científicas aportan buenas razones para seguir cultivando la costumbre de escribir a mano, siempre que sea factible, sin por ello renunciar a las facilidades, comodidades y posibilidades que abren los medios tecnológicos para realizar un escrito moderno.

La redacción manuscrita es un proceso más lento y artesanal que la escritura con teclados físicos o virtuales, pero sus beneficios son tan notables que algunos expertos apoyan la idea de reimplantar la enseñanza de caligrafía en los centros educativos.

NADA DE TECLAS

Según un estudio de investigadores de Noruega y Francia, escribir con una sola mano mediante un lápiz o un bolígrafo, para dar forma a nuestros pensamientos sobre una hoja de papel, estimula las capacidades neuronales más complejas y ejercita el cerebro en mayor medida que hacerlo con un teclado.

Para llegar a esta conclusión un equipo de investigadores dirigido por Anne Mangen, de la Universidad de Stavanger (Noruega) y Jean-Luc Velay, de la Universidad del Mediterráneo de Marsella (Francia) ha comparado los diferentes procesos cerebrales que se utilizan en la redacción manuscrita y en la escritura sobre un teclado de ordenador usando ambas manos.

De acuerdo con su investigación, al escribir a mano se activan simultáneamente tres procesos cerebrales: se ejercitan nuestra área visual, ya que estamos viendo lo que está en nuestro papel.

Así como nuestras habilidades motoras, porque colocamos el lápiz o bolígrafo sobre el papel y lo movemos para trazar las letras.

También nuestras capacidades cognitivas, ya que recordar la forma de cada letra requiere un tipo diferente de respuesta del cerebro.

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