Los seres humanos al venir al mundo, tenemos un propósito en común: ser felices.
Y como ya lo hemos manifestado en otras ocasiones, estamos diseñados para establecer relaciones, contraer matrimonio, formar nuestro propio hogar, para compartir y ser felices.
Contradictoriamente en el transcurrir del tiempo, la vida en pareja, a veces, se convierte en una de las mayores dificultades que los seres humanos enfrentan.
Una de las causas más frecuentes es cuando uno de los cónyuges trata de imponer costumbres, hábitos, tradiciones, etc. Que se practican en su hogar, sin contar con la anuencia de la otra parte.
En nuestro matrimonio este tema fue causa de muchos conflictos. Raul quedó huérfano a la edad de 9 años, y durante toda su adolescencia no tuvo una familia ni un hogar estable, y por ello, una de las motivaciones para casarse con Velia fue recuperar esa familia que perdió al fallecer su madre.
Él ansiaba un hogar como el que tuvo en su niñez. Las motivaciones de él eran diferentes a las de ella, de igual manera sus costumbres. Él esperaba que Velia se comportara con él de manera similar a como lo hacía su madre, sin considerar que eran dos personas distintas.
La lección es que debemos tener conciencia que cuando establecemos nuestra relación de pareja: 1) Venimos de hogares en donde se practican hábitos y costumbres diferentes a las nuestras; 2) Dios quiere que seamos unidos y no uniformes; 3) El tema de la “media naranja” es un mito, no es cierto, somos diferentes, lo que nos queda es complementarnos; 4) En nuestra relación de pareja debemos exponer y no imponer, sentimientos, anhelos, gustos y preferencias; 5) Reconozca virtudes y obvie defectos de su pareja, somos imperfectos todos.
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