Por Edgard Rodríguez
Recuerdo una época, en la que se le pedía a Julio Sánchez que por favor no renunciara al puesto de manager de la Selección Nacional de Beisbol.
Sin más transición que unos meses como coach del equipo de Nicaragua en el Mundial de 1994, Julio fue colocado al frente del Bóer y lo llevó al campeonato. Y le dieron la Selección y la hizo ganadora de medallas.
Al conquistar un título con el Bóer en 1995, rompió las cadenas de fracasos de este club, que por lo general dominaba la liga, para luego irse de bruces en la Final. Sánchez acabó eso e hizo lo mismo con la Selección.
Inició con medalla de plata en el Preolímpico de Edmonton en 1995, luego con oro en los Juegos del Pacífico en Cali, para cerrar con bronce en la Copa de Cuba y hasta capturó plata en los Panamericanos de 1996.
Pero además de resultados, Julio logró impactar en la actitud de los jugadores. Puso disciplina y exprimió el talento. En realidad, les hizo hacer lo que él hacía como jugador: entregarse de lleno. Y se ganó el respeto.
Sánchez conquistó tres títulos en cuatro años con el Bóer, pero de pronto como que se la acabó su magia. En la Liga Profesional no solo no ha conquistado títulos, sino que hasta ha sido removido y alejado del equipo.
¿Será distinto ahora? Esa es su meta en este regreso al timón del Bóer en la Liga Profesional. Hombre capaz, con autoridad y experiencia, Sánchez debería ser exitoso, pero tiene que hacer ajustes en su labor para recuperar el brillo que una vez tuvo.
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