NATALIA CANO/VIDA
Algunas de las razones por las que Miguel Ríos decidió retirarse de los escenarios son confesables; otras no tanto.
En todo caso, el motivo más fuerte por el cual el rockero español se despide definitivamente de los escenarios, tras casi 50 años de carrera, se debe a su rechazo por dejar un mal recuerdo entre sus seguidores.
“Más que miedo, me da un poco de vergüenza, de no ser el que he sido por querer seguir enganchado al narcotismo del aplauso. Hay que tener un respeto por la gente”, dijo Ríos ayer lunes en una conferencia de prensa en la ciudad de México.
El músico, que durante tres décadas ha fungido como un referente en el desarrollo del rock iberoamericano, aclaró que aunque goza de buena salud y lucidez está consciente de los estragos de la biología.
“No quiero decir que las personas que tienen 67 años deben dejar de tocar, es una cuestión que pertenece a la personalidad de cada uno. Pero para desarrollar la energía que necesita el rock debes de tener una cantidad de energía infinita; yo la tengo todavía, pero no quiero ser un juguete roto sobre el escenario”, advirtió el rockero, quien eligió a México como última parada de su gira Bye Bye Ríos. Rock Hasta el Final.
Adelantó que, tras decir adiós a los escenarios, vendrá una “desintoxicación” de la música, para luego ocupar su tiempo en la lectura, una de sus pasiones, y sus colaboraciones en algunas publicaciones españolas. También dijo que desea publicar una autobiografía.
Asimismo, el artista habló de su compromiso con las causas sociales, mismas que ha apoyado desde sus inicios en el rock, en la década de 1960.
El músico ofrecerá un par de conciertos acústicos: uno de ellos, el primero, el 10 de noviembre en Madrid en apoyo al movimiento reivindicativo 15 de Mayo, que demanda una democracia real.
Ver en la versión impresa las páginas: 2 B