EFE
El gobernante de Siria, Bashar al Asad; Yemen, Abdalá Saleh; y Barein, Hamad bin Isa al Jalifa, se aferran al poder pese a los ejemplos de dinastías que cayeron.
Ben Alí, expresidente de Túnez, abandonó el poder el 14 de enero de 2011 tras una revuelta popular que arrancó el 17 de diciembre anterior. Ben Alí fue juzgado en rebeldía por tres causas y condenado a penas que suman 66 años y seis meses de cárcel. Este domingo en Túnez se celebran elecciones generales multipartidistas libres tras 24 años de tiranía.
Por su parte, Hosni Mubarak renunció el 11 de febrero en Egipto, tras dieciocho días de disturbios. En agosto comenzó un juicio, que aún sigue, contra él y sus hijos Alaa y Gamal, acusados de asesinato premeditado e intento de homicidio de manifestantes en las protestas.
En Siria, el jefe de Estado, Bashar Asad, ascendió al poder en el año 2000. Su ascensión llegó acompañada por la esperanza de una reforma económica, política y social que una década después se ha evaporado. Hoy, él y su familia dirigen la represión más sangrienta en toda la región.
En Yemen, Alí Abdala Saleh, gobierna desde 1978. Durante las protestas que iniciaron a mediados de marzo y que han dejado más de 800 muertos, ha anunciado renunciar al poder aunque no lo materializa.
Finalmente, el rey bareiní, Hamad bin Isa al Jalifa, se mantiene al frente del país, pese a las protestas de miles de ciudadanos en demanda de reformas democráticas, que comenzaron el 14 de febrero.
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