AP
Durante poco más de cuarenta años en el poder, Muamar Gadafi fue uno de los dictadores más excéntricos del mundo, tan inestable que las potencias occidentales lo condenaban a la vez que trataban de ganarse sus favores, mientras ejercía un despotismo brutal sobre su propio pueblo, que al final lo derrocó.
Gadafi nació en 1942 cerca de Sirte, hijo de un beduino encarcelado por oponerse a la colonización italiana de Libia. Fue expulsado de la escuela de enseñanza superior por encabezar una manifestación, y castigado en el servicio militar por organizar células revolucionarias.
En 1969, cuando era un capitán de 27 años, se hizo líder de un grupo de oficiales que derrocó al rey Idris.
En la década de 1970, Gadafi comenzó a transformar el país. Cerró una base aérea estadounidense. Unos 20,000 italianos fueron expulsados en represalia por la ocupación de 1911 a 1941.
Fue un nacionalista árabe que se mofaba de los gobernantes árabes. Y como paradoja, predicó una utopía “revolucionaria” del poder popular pero era el epicentro de una dictadura personalista que alimentó la revolución en su contra.
[/doap_box]
En 1975 publicó el Libro verde , su manifiesto político que describió lo que llamó la “Tercera teoría internacional” del gobierno y la sociedad. Declaró que Libia era una “república de las masas”. Los libios fueron organizados en “comités populares” que llegaron hasta el “Congreso popular”, una especie de parlamento.
Al final, el gobierno de todos significó el gobierno de nadie salvo Gadafi, que se ascendió a coronel y se proclamó el “hermano líder”.
Durante su mandato fue un vanidoso que en nada se detenía para ilustrar un argumento. En sus viajes de estado insistía en alojarse en una tienda. Contaba además con una guardia pretoriana de voluptuosas amazonas —lo que en una ocasión explicó lacónicamente con: no hay hombres en el mundo árabe.
Un cable diplomático estadounidense del 2009 difundido por la página de internet WikiLeaks se refirió a la renuencia de Gadafi de permanecer en los pisos superiores de los edificios, su escasa afición a volar sobre agua y un desmedido apetito por los caballos de carreras de pura sangre y el baile flamenco.
“De noche, Moamar sueña; de día, decide”, decían los libios en referencia al carácter arbitrario con el que el dictador gobernaba el país, como exigir que todas las puertas de los comercios fueran pintadas de verde, el color de su régimen.

Conocido por su vestimenta estrafalaria —desde trajes blancos y espejuelos oscuros a uniformes militares y túnicas de vivos colores decoradas con el mapa de África— se consideró una combinación de jefe beduino y rey filósofo.
El secreto de su duración fue el petróleo que yace bajo el desierto africano libio y su capacidad para adoptar cambios radicales cuando se hizo necesario.
Ver en la versión impresa las páginas: 2 C