Por Amalia del Cid
El futuro Carles Puyol, el próximo Lionel Messi y el nuevo Iker Casillas podrían estar formándose en Nicaragua. ¿Por qué no? Si ya lo han probado los seis niños que clasificaron para ir a entrenar nada más y nada menos que con técnicos del AC Milán, en Italia.
Durante una semana compitieron entre unos 100 participantes del tercer Milán Junior Camp, campamento vacacional del AC Milán, dirigido por al menos dos técnicos de las divisiones inferiores del club. Se realizó en el Hogar Zacarías Guerra, en Managua. Lucharon para ganarse la oportunidad de materializar un sueño. Fue en julio de este año. Diariamente de 8:00 de la mañana hasta el mediodía dejaron alma y sudor en el campo, olvidándose de que solo son niños, tomando recesos apenas para mordisquear algún bocado, mientras las madres los perseguían blandiendo sus cámaras fotográficas. Enchineladas. Industriosas. Casi amenazantes.
Bryan Román, Agustín Alemán, Livio Bendaña, Israel Sarria, Alex Pérez y Marcell Paguaga fueron los elegidos. Hace alrededor de una semana sus nombres se publicaron en el sitio web isacorp. org. Solo seis. Ni uno más.
Israel llamó a Agustín para darle la primicia. Y Agustín pensó: Hay muchos otros niños que juegan bien… y yo, justamente yo, clasifiqué. Esa noche durmió contento. A la mañana siguiente continuó la cadena de buenas noticias telefoneando a Marcell, un pequeño de 12 años que tiene el título de mejor arquero de Managua (en su categoría), que además es fanático del equipo español Real Madrid y quiere ser como Casillas, considerado el actual mejor portero del mundo. No sabe soñar en chiquito. Sin embargo, no se la creía y tuvo que correr para buscar su nombre en la lista de los seleccionados.
Mal escrito, pero ahí estaba. Con letras cuadradas y mayúsculas, junto al de Agustín, quien tiene 13 años y juega en la posición de defensa. Él, igual que su amigo Marcell, habla con el tono maduro, se diría adulto, de quien sabe lo que quiere de la vida. Futbol, futbol y futbol.
-Cuando era niño quise ser médico- dice, muy seguro, el arquero -, pero ahora quiero ser más furbolista que médico.
– Y a mí me gustaba la idea de la ingeniera mecánica. Pero ya no. Porque lleva mucha matemática- agrega Agustín. Y suelta una risa educada, con estilo de conferencia de prensa.
Aunque aman el deporte, ambos conocen las limitaciones impuestas por el hecho de vivir en Nicaragua. Sus entrenadores, que les dan clase en el Colegio Americano Nicaragüense, se han encargado de exponerles la llana realidad. Sin tapujos.
Lo ideal es irse a los Estados Unidos, buscar una academia, firmar a temprana edad con un equipo… Aquí no se vive del deporte, les aconseja Sandro Ortiz, entrenador de arqueros. Eso sí les advierte no deben hacer a un lado los estudios. Y ellos sonríen. Deben mantener un promedio alto para que les permitan practicar el futbol.
Matemáticas se les parece a un dolor de cabeza. Ni siquiera los golpes recibidos en los juegos son tan molestos; pero los soportan con el mayor estoicismo que puede haber en un niño. De partido en partido, Marcell se ha fracturado algunos dedos, cuenta su entrenador, Róger Méndez. Las lesiones son algo con lo que inevitablemente tendrá que lidiar mientras se juegue el físico en el campo. Lo mismo Agustín.
La recompensa es sentirse alguna vez el héroe del partido. Con eso les basta. Por ahora.
Pero sí sueñan con clubes italianos, gringos, ingleses y españoles… porque saben que tienen potencial, como muchos otros niños en Nicaragua que quizá no han tenido las mismas oportunidades, ni madres que, cámara en mano, estén pendientes de cada jugada. Aunque no las entiendan.
Claudia Sáenz es la orgullosa mamá de Agustín y Maricela Argüello la de Marcell. Siempre los han apoyado. Desde que a los 6 o 7 años de edad (no lo recuerdan con exactitud) sus hijos se enamoraron del deporte de sus vidas.
Probaron primero con beisbol y también con natación, voleibol y baloncesto, solo para descubrir que su pasión iba en otra dirección. Y así seguirá soplando el viento, porque estos niños respiran, comen, suspiran, duermen y despiertan para ser futbolistas. Cuando no están entrenando en el campo ni haciendo las tareas del colegio, miran partidos de las ligas europeas o practican con juegos de vídeo.
Ahora tienen una oportunidad de oro; existe la posibilidad de ser reclutados en el sector juvenil del AC Milán, como lo aseguraron Massimiliano Vicenti y Livio Bendaña, organizadores del Milan Junior Camp, al que Marcell y Agustín ingresaron después de pagar los 250 dólares de la inscripción.
El próximo noviembre, durante una semana, en el Milán Camp Day, competirán por ese privilegio los seleccionados de 42 países. Será una gran batalla. Tal vez allí puedan estar los pequeños nicaragüenses, aunque es un poco difícil, pues sus familias tienen que cubrir todos los gastos que implica el viaje. Y no es barato.
Además no pueden perder clases. Agustín va en segundo año de secundaria, Marcell en primero y tienen responsabilidades, explica Maricela.
Sin embargo, de conseguir llegar a Italia, los niños estarían apostando por el primer gran paso de los que podría ser una brillante carrera futbolística. ¿Quién quita que pueda ocurrir algo parecido a la historia de Messi? A La Pulga argentina del Barcelona la ficharon cuando apenas tenía 12 años, el día que Charly Rexach, director deportivo del club, escribió en una servilleta de papel: Yo (…) me comprometo a la contratación de Lionel Messi en las condiciones pactadas y a pesar de la contra interna que existe en el club». Hoy el joven está catalogado como el mejor jugador del mundo.
Y aunque es probable que para estos talentos nicas el salto al éxito no sea a través de una servilleta, están construyendo paso a paso, gol a gol, un futuro prometedor. Confían en sí mismos, ahora es necesario que el país crea, de verdad, en ellos, las nuevas promesas del futbol nicaragüense.
Ver en la versión impresa las paginas: 12 ,14 ,10