Yo creo que hay militantes del Frente Sandinista que pueden ejercer la Presidencia de la República con honestidad y eficacia, y con verdadero liderazgo nacional. Uno de esos militantes es nuestro canciller Samuel Santos.
Se habla con discreción en esferas gubernamentales que don Daniel no quiere darle oportunidad a nadie, y que actúa dentro del partido de gobierno como si fuera el único, el indispensable, el insustituible el “llamado por la divinidad” para regir el destino de este país hasta que cumpla 97 años.
El presidente de El Bejuco expresó que esos comentarios son falsos; que don Daniel no quería realmente ser candidato presidencial, pero que su Eminencia lo había convencido para que continuara gobernando; que don Miguel Purificación lo había hecho “coger la vara” con eso del “llamado divino”; que lo había “enganchado” de que es el “hombre providencial” de Nicaragua.
Pero nadie piensa que don Daniel “coma carbón” —que se crea todo lo que le dicen— que le crea al cardenal Obando. El presidente Ortega sabe que el día que a Miguel Purificación no le permita seguir cosechando los frutos de su “acomodamiento”, de su “realpolitik”, de su “pragmatismo” ese día despertará la víbora.
La verdad es que el presidente Ortega, sin necesidad de que alguien lo “enganche”, quiere continuar en el poder; es su gran pasión. Todos sabemos que el poder es una pasión que siempre ha dominado a casi todos los políticos nicaragüenses. En Nicaragua, por regla general, el político que se “sube al caballo” jamás quiere bajarse de él.
Todo esto ha traído históricamente consecuencias trágicas para nuestro país. Por eso, cuando el presidente de la peña me informó al principio que don Daniel no quería reelegirse, pensé que íbamos por buen camino, que estábamos aprendiendo la lección. Entonces barajé varios nombres de destacados sandinistas que podrían suceder al presidente Ortega, entre ellos, Samuel Santos, que tiene el carisma de un estadista de talla mundial, carisma que confirmé el mes pasado cuando pronunció en el salón de sesiones de la Asamblea General de la ONU su histórico discurso.
Pero los envidiosos anduvieron diciendo en Managua que cuando Samuel pronunció su discurso, el citado salón de sesiones estaba casi vacío; que ni siquiera el personal de servicio doméstico de la ONU quiso entrar a hacer bulto. Dijeron que el presidente de la Asamblea Nassir Abdulaziz Al-Nasser tuvo que quedarse, pero que no escuchó el discurso, pues mientras Samuel hablaba el señor Abdulaziz daba unas roncaditas que se confundían con ruiditos sospechosamente flatulentos.
Pero en la peña supimos lo contrario; que cuando Samuel pronunció su discurso el salón de sesiones de la Asamblea General de la ONU estaba abarrotado de jefes de Estado y de embajadores; que el entusiasmo del plenario era tan vibrante que durante su discurso Samuel fue interrumpido 20 veces con atronadores aplausos. Es más, después del discurso Samuel tuvo que regresar repetidamente al “escenario” ante la exigencia de los jefes de Estado que de pie aplaudían sin cesar. Ban Ki-moon estaba emocionadísimo con Samuel; lo felicitaba y lo abrazaba a cada rato, y le manifestó que le gustaría que lo sucediera en la Secretaría General.
Con la intervención apoteósica de nuestro Canciller en la ONU, reafirmé mi opinión de que el Frente Sandinista podía seguir en el poder sin violar la Constitución, pues cuenta entre sus filas con hombres como Samuel Santos, que hubiera sido un candidato presidencial triunfante, y con una innegable capacidad para ejercer con éxito la Presidencia de la República. El autor es abogado y escritor
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