Por Velia y Raúl Obregón
Taller del Maestro
Hemos venido afirmando, y lo continuaremos haciendo, que los seres humanos hemos sido diseñados para establecer relaciones: con Dios, con nosotros mismos y con nuestro prójimo, ya que las relaciones interpersonales son inherentes a nuestra existencia.
Cada uno es único, creado a imagen y semejanza de Dios y no tiene copia, por lo tanto, tiene sus propias creencias, preferencias, gustos, hábitos, costumbres, comportamientos… lo que significa, que establecemos relaciones con personas diferentes a nosotros, por lo tanto, en cualquier momento, muchas veces por pequeños detalles, aflora la intolerancia y el enojo con otras personas.
Apreciados amigos, el conflicto, el enojo, la ira, son inherentes a las relaciones sociales, familiares y de pareja. Lo que nos queda es asumir con responsabilidad las relaciones interpersonales y decidir cómo enfrentar los conflictos, por lo general, resultantes de las diferencias con el prójimo, especialmente con la pareja, los hijos, los padres, hermanos…
Dios en la Biblia, que es el manual del fabricante de la humanidad, establece que enfrentaremos situaciones que nos inducirán al enojo, a la ira, y dice, enójense pero no agredan.
Nuestro Creador insta a no dejarse arrastrar por la ira y el enojo, cuando esto sucede afloran actitudes negativas, destructoras, agresivas, que pueden desembocar en violencia, física y/o verbal, y cuando se llega a ese punto se está ofendiendo y dañando al prójimo, a uno mismo y por ende a Dios.
Actuar con responsabilidad en situaciones conflictivas implica luchar consciente y oportunamente contra la ira, y ello se logra llenándose de “dominio propio”, este es uno de los frutos que el Espíritu Santo de Dios nos da.
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