Por Edgar Rodríguez
Justo al perder la serie mundial del 2001 ante Arizona, el entonces dueño de los Yanquis, George Steinbrenner, llamó a reunión a sus principales ejecutivos para armar el conjunto del año siguiente. “Es que yo soy un mal perdedor”, les dijo.
No sabemos si los hijos de Steinbrenner, Hal y Hank, convocarán con el mismo sentido de urgencia, pero tratándose de los Yanquis, es natural pensar que la etapa de reconstrucción del equipo no debe tardar en iniciar, más cuando hay muchas tareas pendientes.
Una primera asignación podría ser asegurar al gerente Brian Cashman, cuyo contrato llega al final tras la Serie Mundial. Y un segundo paso, es retener al zurdo CC Sabathia, quien tiene una cláusula para salirse del pacto de siete años y 161 millones que firmó en el 2009.
Sabathia, quien ha desquitado su salario con un récord de 59-23 y 3.18 en tres campañas en Nueva York, tiene cuatro años pendientes y 92 millones con los Yanquis, pero dispone de la oportunidad de renegociar su contrato si así lo desea.
Estas dos (Cashman y Sabathia, el orden puede ser al revés) son las prioridades para los Yanquis, quienes seguro verán partir a Jorge Posada, Andrew Jones y Bartolo Colón entre otros, mientras abren espacio para Jesús Montero y Manny Bañuelos, solo por citar dos jóvenes.
El staff de lanzadores necesita una reestructuración. Una vez resuelto lo de Sabathia, se podría pensar en una rotación a partir de él, Iván Nova y Phil Hughes como bases, más A. J. Burnett y quien se gane el puesto entre Bañuelos , Andrew Brackman y Dellin Betances.
Sin embargo, se cree que los Yanquis irán al mercado en busca de un abridor de experiencia y el nombre de C. J. Wilson seguro aparece de primero en su lista de deseos. Pero veremos qué hacen.
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