AFP
Tras más de una década de desarrollo, el Gran Conjunto de Radiotelescopios de Atacama, (Alma, por sus siglas en inglés), inició ayer operaciones en este desierto situado al norte de Chile.
La primera observación fue realizada en una etapa de prueba por 12 de las 66 antenas interconectadas que comprende el megaproyecto, que tiene un presupuesto estimado de 600 millones de dólares, y es coordinado por Estados Unidos, Europa, Japón y el país suramericano.
El lugar —de una sequedad extrema— ofrece las mejores condiciones para la radioastronomía, que explora el universo a través de las ondas radiales que emiten galaxias, estrellas y otros cuerpos, no captadas por los telescopios ópticos e infrarrojos que perciben solo la luz visible.
“Los resultados son realmente mejores de lo que podíamos esperar.., no hay nada de desorden en los datos… y nos muestran qué está pasando dentro de estas galaxias que estábamos buscando”, expresó Richard Hills, jefe de proyectos científicos de Alma, al explicar la observación de las Galaxias de las Antenas.
“Este tipo de observaciones serán vitales para ayudarnos a comprender cómo las colisiones de galaxias pueden provocar el nacimiento de estrellas (…), señaló un comunicado oficial de Alma.
Alma está emplazada en el Llano Chajnantor a unos 5,000 metros de altura, lo que dificulta el caminar y la respiración. Ahí están 20 antenas, algunas de ellas aún por instalar. Sus enormes paneles se mueven de forma coordinada, operados a distancia, en un espectáculo tecnológico en medio del desierto más árido del mundo. “…entre la antena y la estrella no hay nada de agua, algo espectacular que solo tenemos acá en todo el mundo”, según Martin Mündnich, ingeniero mecánico de antenas.
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