La gran “opositora” al orteguismo tiene la fórmula perfecta para su continuidad: “vayamos a votar que no hay por quién votar” y además “exige” que estos votos de los ciudadanos como ella sean contabilizados como si fueran por un candidato.
Doña Mónica Baltodano no sabe que un voto nulo es igual al de un ciudadano que no ejerce su derecho al voto y que históricamente la abstención solo beneficia al continuismo de Daniel Ortega, porque sus votantes son más disciplinados que doña Mónica y sí van a ir tempranito a marcar la casilla 2, aunque el Movimiento por el Rescate del Sandinismo predique que no hay un candidato suficientemente de izquierda por el cual votar.
Entonces, ¿dónde queda la pregonada oposición de la diputada Mónica Baltodano y sus elocuentes discursos en la Asamblea Nacional? ¿Llevará una calcomanía para pegarla en la boleta el 6 de noviembre para anular su voto y proclamar que no hay por quién votar? y lo que es más iluso: ¿le dará don Roberto Rivas el gusto de contar en una “nueva casilla”?, ¿cuántos votos nulos fueron depositados siguiendo esta novedosa “estrategia” del Movimiento por el Rescate del Sandinismo?
Seguro que en caso de que todo sea transparente y cada voto depositado por un candidato sea contado, no habrá diferencia entre el que conscientemente llegó siguiendo las consignas del “Movimiento por el Rescate del Sandinismo” —que me temo que no son muchos— y los que por una u otra razón se confundieron y votaron por dos o tres candidatos.
Entonces el único efecto importante que tiene esta publicitada convocatoria a votar, para no votar, es para aquellos que prefieren mejor no molestarse, no hacer siquiera la fila de mañana y quedarse en la comodidad de sus hogares, viendo cómo otros hacen largas filas para ejercer su derecho cívico.
Es triste, pero esta es la realidad. Con todos los problemas que han sido denunciados, no ir a votar por nadie es la peor opción que tiene un ciudadano en una democracia. Los que no votan no tienen derecho a quejarse después por el gobierno que tengan, los que votan, al menos tienen derecho a protestar y reclamar sus derechos.
“La culpa no es de los que se equivocan, la culpa es de los ausentes”, reza un sabio proverbio que se escucha a menudo en una emisora de radio: nada más cierto. Si no, miren lo que pasó en Venezuela cuando la oposición siguió la “estrategia” abstencionista de no dar la batalla electoral, Chávez se perpetuó legitimado por una elección y sin oposición parlamentaria.
Por fortuna, no son muchos los que escuchan a doña Mónica Baltodano, que en lugar de estar predicando la abstención, debería ser más consecuente y pedirnos que votemos por Ortega directamente.
Los que no vamos a votar por Ortega, si nos roban el voto al menos tendremos el derecho de protestar, de reclamar, pero los que vayan a las urnas a anular su voto tendrán el mismo derecho de los que se quedaron en casa viendo el sufragio por televisión.
Yo entiendo que hayan muchos ciudadanos que están decepcionados de la política, pero la política está en el mundo de lo posible, no en el mundo de la utopía. Por eso quienes quieren cambiar el mundo deben insertarse en la política y ser mejores políticos de los que ellos critican ahora con acierto.
Es el reto que tienen los jóvenes, involucrarse para ayudar a forjar su propio destino. La apatía no resuelve ningún problema.
El autor es diputado