Por María Haydée Brenes
El hombre extendió los brazos delante del policía que se encontraba sentado en el escritorio en la entrada del Distrito III. “Póngame las esposas, que cometí un delito”, dijo el hombre, cuya ropa lucía arrugada, sudaba a mares y en su rostro eran notorias las noches de desvelo. “Andate de aquí, vos estas loco, salí no me hagas perder tiempo”, le respondió el policía.
El hombre salió del distrito, no sabía adónde ir, así que caminó en las cercanías hasta que dos policías le dijeron que los acompañara.
“Entré y les dije todo”, le confesó a su mamá, antes de soltar el llanto, Yasker Blandón Torres.
Decidió venir a Managua y una vez en el mercado Israel Lewittes tomó la decisión de ir donde su suegro a Nagarote. Allí tampoco pudo conciliar el sueño y por la mañana después que el señor le dio un café con pan le preguntó: ¿Qué vas a hacer? Yasker no le respondió, pero cuando terminó el café se despidió y le dijo: “Voy a entregarme”.
A Marisol la detuvieron y estuvo junto a los excompañeros de trabajo de su hermano en La Borgoña. “Yo no dije que era su hermana, creo que por eso se soltaron y ellos fueron los que dijeron que el padre llegaba a ese lugar y no solo él, sino otros sacerdotes, que usaban los cuartos, decían las cosas en voz alta y con mucha vulgaridad, incluso dijeron que Aníbal siempre le encomendaba a Yasker que atendiera al padre y que ese día Aníbal llamó al padre pero ninguno sabía para qué”, dijo Marisol.
En esa antesala Marisol escuchó decir que el consumo del padre fueron tres cervezas y un paquete de cigarros, que hay una factura del consumo, pero no está firmada, ni a nombre del sacerdote.
Otra que estuvo detenida fue Johana, la esposa de Yasker, pero a ella no la detuvieron sola, permaneció con su hija de 15 meses encerrada en una oficina.
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“Yo no le pregunté qué era todo, me porté fuerte, lo más fuerte que pude, le dije que no quería saber”, dice doña Ana María Torres, de 74 años, mientras recuerda las palabras de su hijo que desdicen lo que la Policía reveló a los medios, no fue un trabajo de inteligencia lo que puso a Yasker en el banquillo de acusado por el asesinato del padre Marlon Pupiro, sino su propia confesión y entrega.
Para la señora Blandón, maestra normalista retirada, ver a su hijo en una celda, cabizbajo y atontado es sumamente doloroso.
“No, él no pudo hacerlo (el asesinato), en mi corazón de madre sé que él no dice la verdad, lo siento temeroso, tiene golpes en la cabeza y parece como si estuviera sedado y se está echando la culpa, ya se la echó, pero yo no creo”.
Una de las razones por las cuales la familia de Yasker cree que no es culpable es porque tiene dos hijos, un niño de siete años y una niña de 15 meses a la que siempre cuidaba y ha pasado muchas necesidades, por eso no creen que robar sea un móvil creíble.
“Durante casi 13 años trabajó con ese señor Aníbal Ballesteros, era su guachimán y los mismos empleados lo dicen. Tenía la caja del negocio en sus manos durante todo el día, además era el chofer de don Aníbal, que siempre lo estaba llamando para que lo acompañara de un lado a otro y ahora nos asombra que salga en los canales este señor pidiendo que a mi hermano le caiga todo el peso de la ley”, dijo Marisol Blandón Torres, hermana mayor de Yasker.
Les asombra la actitud de Ballesteros porque la confianza y la honestidad de Yasker pueden ser probadas por él, pues en una ocasión se emborrachó y tenía reloj, celular cientos de dólares en una mesa y Yasker levantó todo y lo llevó a su casa y le hizo entrega, a la esposa de Ballesteros, de todo lo que andaba.
“¿Cómo si tenía acceso a dinero, si era de tanta confianza para don Aníbal, que le manejaba no solo a él sino a sus hijos, van a decir que el móvil era el robo? Si como dice la fiscalía, el cajero se fue a dormir, no tenía entonces mi hermano la caja y a ese dinero accesible para robar, ¿por qué robarle al padrecito?, ese móvil no tiene pies ni cabeza”, dijo Marisol.
El salario mensual de Yasker en La Borgoña era de mil córdobas, le pagaban quincenal 500 y en más de una ocasión dijo que se buscaría otro trabajo, porque ganaba muy poco, pero se quedó porque un hijo de Ballesteros abriría un negocio y él se iba a ir a trabajar con él, ganando mejor.
“Él siempre fue muy trabajador y como mesero estuvo en la Olla de Barro, en Mi Terruño, en el restaurante que está contiguo a la mueblería Amador, anduvo vendiendo muebles, confites, nunca ha sido un haragán, ni irrespetuoso, siempre fue un chavalo digno de confianza”, aseguró doña Ana María.
:::¿Se han comunicado con Aníbal Ballesteros? ¿Qué les ha dicho?
“No. Es más no lo conocíamos hasta el martes que íbamos entrando a la Dirección de Auxilio Judicial a visitar a mi hermano, uno de los policías dijo “ahí va Ballesteros” y fue cuando lo vi, un hombre blanco, de cara fina, pero si hubiese sabido que era él me le tiró a la camioneta, para decirle que por qué se porta así con mi hermano”.
“Pero Yasker nos pidió que no lo buscáramos, se lo dijo a Johana, su esposa, cuando yo le mandé a decir que íbamos a ir a cobrar la semana de pago que le quedó debiendo, siquiera para comprarle unos frijoles, porque hacemos el sacrificio de llevarle comida. Pero él dijo que no, que no nos acercáramos a Ballesteros”.
“Para nosotros Yasker no dice la verdad, y nosotros queremos la verdad aunque duela, pero la verdad”.
:::¿Por qué no cree que esté diciendo la verdad?
“Porque él tiene un problema en la columna, en la parte de la colita, lo tiene desde niño, si él levantaba peso se le inflamaba y se quedaba baldado, hasta arrastraba los pies, por eso nunca hizo trabajos pesados. En una ocasión se le inflamó tanto que hasta supuró, se le puso la espalda baja como madura, entonces cómo va a levantar un cuerpo, si él hubiese hecho eso lo habrían agarrado allí mismo, porque le cuesta incluso moverse”.
“No pudo hacerlo solo, de eso nosotros estamos claros que hay gente detrás de mi hermano y él les teme”, dijo Marisol.