Por Adelia Sandoval
Hicieron lo prohibido. Abrieron los portones. Quemaron llantas y mostraron la piel llena de piquetes.
Así los albergados de Casa Cross, que llevan más de un año, se quejaron de la plagas de insectos y roedores.
Las cucarachas “golosas” están por todas partes, en la ropa, en los trastes, entre los plásticos que cubren las champas improvisadas que se levantan en medio de la bodega.
“Lo que estas cucarachas atraen son diarreas, por más que lave los trastes, se sacuda no se van”, dijo Fidia Medina, quien tiene a tres de sus cuatro niños enfermos.
Los niños en este albergue tampoco se quedaron callados. Ellos extrañan los juegos de futbol, beisbol y hasta las piñatas que al inicio se organizaban en el albergue.
Los menores expresaron que ahora van a clases con hambre porque ni el vaso de leche reciben.
Gabriela McCoy, de Promotoría Solidaria, fue abucheada cuando intentó confundir la situación diciendo que la demanda era por recreación y dijo que la inconformidad es por falta de recursos. Y Róger Martínez, del centro de salud Sócrates Flores, dijo que se fumiga dos veces al mes para controlar las plagas.
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