Por Aurelio Núñez Martínez
La vida presagia la niña ausente contempla el abismo, calle desnuda iguales sus pies
La marcha es al tacto metal tostado y el camino tildado de esperas y restos de pasos le interroga.
Sin embargo la corriente de remolinos infinitos de su cabello dispersa los días cotidianos, naturales como la tristeza misma del ritual de sus ojos.
Mientras camina Lazara pregunta al destino y solo recibe 50 y 50 de probabilidad.
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