“El problema en el mundo es que hay más problemólogos que solucionólogos” (Mafalda, personaje de historietas creado por Quino).
Cuando se pregunta sobre los problemas que tenemos, surgen de inmediato listas detallando cosas que están funcionando mal o que deberían mejorar; pero cuando se vuelve a preguntar qué podemos hacer para solucionarlos, surge un silencio, para finalmente pedir al gobierno, la empresa privada o alguien más (que no seamos nosotros) que hagan “algo” al respecto.
En Latinoamérica tenemos la tendencia a realizar demasiados análisis; pero generalmente no llegamos a profundizar sobre cuáles son las raíces o verdaderas causas de los problemas que nos afectan; ni en las consecuencias futuras de nuestros actos.
La primera lección empresarial es que si no se entienden bien los verdaderos motivos que generan un problema, nuestras propuestas atacarán los efectos sin resolver las causas del mismo.
Tan errado como pensar que para curar un dolor de muelas es suficiente con darle al paciente pastillas para el dolor.
La forma de encontrar las causas/raíces de un problema, es ir preguntando varias veces el “porqué” de cada uno de los efectos que identificamos (estrategas japoneses preguntan normalmente cinco veces).
A continuación un ejemplo que no necesariamente es real sino que pretende ilustrar la técnica:
Hay desempleo, porque hay pocas oportunidades de trabajo; hay pocas oportunidades porque hay poco desarrollo empresarial; hay poco desarrollo empresarial porque pocas personas tienen habilidades empresariales; y la mayoría de las personas tienen limitadas habilidades empresariales porque las mismas no se imparten en el sistema educativo.
Como dijo hace poco una microempresaria indígena guatemalteca a un grupo de profesionales y gerentes de una institución financiera “a ustedes lo que los perjudica es que han estudiado mucho, por eso tienen miedo y no se animan a hacer negocios”.
Otro tema importante para pasar de las protestas a las propuestas es dejar de pensar en lo que el Estado, la empresa privada, bancos u otros van a hacer para resolver nuestros problemas y empezar a pensar qué puede hacer cada uno de nosotros para hacerse responsable de su propia mejoría.
Para salir adelante necesitamos ocuparnos de generar actividades propias que nos produzcan ingresos, lo cual requiere primero que nada de ganas (valor) de salir adelante, segundo de educación empresarial y financiera para poder invertir bien y finalmente de dinero (nuestro o de otras personas).
La gran limitante está en nuestro propio miedo a cambiar, a dejar la seguridad de un empleado dependiente, a romper esquemas y construir el camino que nos lleve a la libertad financiera.
Lo que no nos dio el sistema educativo tradicional debemos aprender a buscarlo. Invirtamos tiempo en nuestra educación financiera y empresarial.
Todo problema es una oportunidad de mejorar, atrevámonos a ocuparnos de nuestro propio crecimiento.
(*) Director de Promifin, programa auspiciado por la Cooperación Suiza en América Central ejecutado por Triodos Facet. [email protected]
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